Fármacos contra la gota

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Los fármacos contra la gota, como su nombre indica, son fármacos utilizados para tratar la gota, que es una forma de artritis inflamatoria.

La causa subyacente de la gota es la hiperuricemia, es decir, un exceso de ácido úrico en la sangre que da lugar a la formación de cristales de urato monosódico.

Estos cristales afilados, en forma de aguja, se depositan en zonas de flujo sanguíneo lento, como los espacios articulares o los túbulos de filtración renal.

Los fármacos contra la gota actúan impidiendo la acumulación de ácido úrico o reduciendo la inflamación.

El ácido úrico es un producto de desecho natural de las purinas, que son uno de los componentes básicos del ADN y el ARN.

Durante su metabolismo, las purinas se degradan a hipoxantina, que luego es oxidada dos veces por la xantina oxidasa para convertirse primero en xantina y después en ácido úrico.

El ácido úrico circula por el torrente sanguíneo hasta llegar a los riñones, donde se secreta en los túbulos proximales y, finalmente, se excreta en la orina.

La hiperuricemia se produce cuando las concentraciones de ácido úrico en circulación superan las concentraciones normales, que se sitúan en torno a 1,5-6 mg/dl para las mujeres y 2,5-8 mg/dl para los hombres.

Los cristales de urato se depositan cuando la concentración de ácido úrico en circulación supera su tasa de solubilidad, que es de aproximadamente 6,8 mg/dl.

En la actualidad, los fármacos contra la gota se dividen en dos grupos principales: los fármacos para la gota crónica, que se utilizan para evitar la acumulación de ácido úrico en la sangre, y los fármacos para la gota aguda, que se utilizan para reducir la inflamación.

Los fármacos para la gota crónica incluyen los inhibidores de la xantina oxidasa, como el alopurinol y el febuxostat; los fármacos uricosúricos, como el probenecid y la sulfinpirazona; y las urato oxidasas recombinantes, como la rasburicasa y la pegloticasa.

Por otro lado, los fármacos para la gota aguda incluyen los antiinflamatorios no esteroideos (o AINE), los glucocorticoesteroides y la colchicina.

Vamos a hablar primero de los inhibidores de la xantina oxidasa.

El alopurinol es un análogo de las purinas que actúa mediante la inhibición competitiva de la xantina oxidasa.

Además de ser un inhibidor, el alopurinol también es un sustrato; es decir, la xantina oxidasa lo convierte en su metabolito activo, llamado oxipurinol.

Además, el oxipurinol, también conocido como aloxantina, es un inhibidor no competitivo de la xantina oxidasa.

De este modo, el alopurinol y el oxipurinol disminuyen las concentraciones de ácido úrico al aumentar las concentraciones de hipoxantina y xantina, que son compuestos más solubles y, por lo tanto, más fáciles de excretar.

Como resultado, hay menos posibilidades de que los cristales se depositen en las articulaciones y los tejidos.

El alopurinol también está indicado para las personas con linfoma o leucemia que están recibiendo una terapia contra el cáncer.

Se espera que en estas personas se produzca la lisis del tumor, lo que da lugar a una producción significativa de ácido úrico a partir de las purinas que se liberan por la muerte de las células neoplásicas.

Los efectos secundarios frecuentes del alopurinol comprenden problemas gastrointestinales y exantema.

Por otra parte, el febuxostat es un inhibidor no purínico de la xantina oxidasa y se reserva para las personas que no toleran el alopurinol.

Entre los efectos secundarios frecuentes del febuxostat se encuentran las alteraciones gastrointestinales, la cefalea y los problemas hepáticos.

Es importante tener en cuenta que los inhibidores de la xantina oxidasa pueden provocar una mielodepresión en personas tratadas con fármacos inmunosupresores, como la azatioprina y la 6-mercaptopurina.

Normalmente, estos fármacos son metabolizados por la xantina oxidasa; por lo tanto, la inhibición de su metabolismo aumentará su efecto, que se sabe que consiste en la disminución de la replicación y la inducción de la apoptosis de los leucocitos.

Para evitarlo, debe reducirse la dosis de la medicación inmunodepresora cuando se utilice alopurinol simultáneamente.

Los fármacos uricosúricos, como el probenecid y la sulfinpirazona, actúan inhibiendo la reabsorción tubular renal del ácido úrico, lo que aumenta su excreción.

Pero como son ácidos débiles, en dosis bajas estos fármacos pueden competir con el ácido úrico por la secreción en los túbulos proximales, elevando así, en lugar de reducir, la concentración de ácido úrico en la sangre.

Asimismo, los fármacos uricosúricos pueden competir con otros ácidos débiles que normalmente se secretan en los túbulos proximales, como la penicilina, las cefalosporinas y el ácido acetilsalicílico, por lo que deben evitarse las combinaciones de estos fármacos.

Las urato oxidasas recombinantes son la pegloticasa y la rasburicasa.

Estos fármacos son en realidad enzimas que oxidan el ácido úrico en alantoína, que es un producto más soluble y, por lo tanto, más fácil de excretar.

En cuanto a las indicaciones específicas de los fármacos, la pegloticasa se utiliza para tratar la gota crónica resistente, mientras que la rasburicasa se usa para tratar el síndrome de lisis tumoral en pacientes con linfoma y leucemia que reciben terapia contra el cáncer.

Entre los efectos secundarios frecuentes se encuentran la anafilaxia, la metahemoglobinemia y la hemólisis en personas con deficiencia de glucosa-6-fosfato deshidrogenasa (G6PD).

Pasemos al tratamiento de la gota aguda.

El tratamiento de primera línea es un antiinflamatorio no esteroideo, como la indometacina o el ibuprofeno.

Estos fármacos actúan mediante la inhibición reversible de la ciclooxigenasa, que es una enzima responsable de la producción de prostaglandinas que causan la inflamación.

Es importante señalar que el ácido acetilsalicílico y otros salicilatos deben evitarse en la gota porque son ácidos débiles, por lo que pueden competir con el ácido úrico por la secreción en los túbulos proximales.

Por otra parte, los glucocorticoesteroides, como la metilprednisolona y la prednisona, actúan inhibiendo la fosfolipasa A2, que es otra enzima responsable de la producción de prostaglandinas.

Además, estos fármacos pueden administrarse por vía oral, parenteral o intraarticular.

El último fármaco de este grupo es la colchicina, que actúa uniendo la tubulina e inhibiendo la polimerización de los microtúbulos, con lo que inhibe la migración de los neutrófilos en las articulaciones y reduce la inflamación.

Otras indicaciones de la colchicina son la profilaxis de los ataques de gota y la fiebre mediterránea familiar, que es una enfermedad que se caracteriza por fiebre, artritis, hepatitis, peritonitis y pleuritis.

Fuentes

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  6. "Colchicine for acute gout" Cochrane Database Syst Rev (2014)
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