The World Health Organization defines vaccine hesitancy as a delay in acceptance or refusal of vaccination despite the availability of vaccination services. � There is a great deal of hesitancy surrounding the potential COVID-19 vaccine. Some of this hesitancy may be due to general distrust in pharmaceutical companies, while other concerns may be specific to the vaccine.
There are concerns that the vaccine could lead to severe side effects, although these claims have not yet been substantiated. Some people also worry that the vaccine will be used for nefarious purposes, such as controlling the population or profiting from vaccine sales. Still, studies have revealed that COVID-19 vaccines have saved many lives by reducing adverse outcomes, including deaths and hospital admissions, especially in the ICU.
La indecisión a la hora de vacunar se ha convertido en una importante preocupación sanitaria, y la Organización Mundial de la Salud la define como "un retraso en la aceptación o el rechazo de la vacunación a pesar de la disponibilidad de los servicios de vacunación".
La indecisión a la hora de vacunar es un problema complejo, y sus causas son diferentes para cada persona. Aunque las dudas sobre las vacunas han constituido un problema de salud pública durante años, el rápido desarrollo de vacunas en respuesta a la pandemia de COVID-19 ha agudizado el problema.
Una encuesta realizada por Fisher y cols. en septiembre de 2020 reveló que el 11% de las personas en EE.
UU. pensaban rechazar la vacuna de COVID-19, y otro 32% se mostraban indecisas sobre si aceptarían la vacuna.
Con un porcentaje tan elevado de la población reticente a la vacunación, es imprescindible que los profesionales sanitarios inicien y mantengan un diálogo abierto sobre este proceso con los pacientes.
Los pacientes suelen estar dispuestos a discutir sobre la vacunación, incluso si dudan en recibir una vacuna. Cuando inicie el diálogo sobre las vacunas con los pacientes, asegúrese siempre de enmarcar la conversación en un tono positivo y no conflictivo.
Son sentimientos legítimos que justifican una conversación sobre la seguridad y el proceso de elaboración y evaluación de las vacunas antes de su administración a los pacientes.
Aunque el paciente decida no vacunarse, es importante mantener una relación sólida entre el profesional sanitario y el paciente para conservar el vínculo con él a lo largo del tiempo.
Cuantas más oportunidades tenga de hacer partícipes a los escépticos sobre el proceso, más probable será que cambien de opinión y decidan vacunarse.
En última instancia son los pacientes quienes deciden si se vacunan o no. Reforzar esta función con el paciente contribuirá a crear confianza y una sólida relación médico-paciente Cabe destacar que los dos, paciente y médico, tienen objetivos comunes, la búsqueda del mejor resultado, y ha de reconocerse que, en torno a las vacunas, hay una enorme cantidad de información difícil de entender.
Es importante comunicar al paciente que lo que se desea es que este pueda tomar una decisión informad Por ello, se le ofrecerá ayuda para encontrar la mejor información sobre las vacunas, y se le indicará que estamos disponibles para responder a cualquier pregunta que pueda surgirle En cuanto sea posible, debe intentarse descubrir el grado de conocimiento que tiene el paciente sobre la COVID-19 y las vacunas, así como la firmeza de sus creencias con respecto a la vacunación en general Saber si un paciente se opone firmemente a la vacunación desde el principio ayudará a tomar decisiones sobre cómo manejar la conversación con él en busca de mantener una buena relación.
Se evitarán las afirmaciones excesivamente proactivas, que limiten la respuesta del paciente como, por ejemplo: "¿quiere que le programe una vacuna de COVID-19?"
o "¿ha recibido ya la vacuna de COVID-19?" Como alternativa, es preferible centrarse en un diálogo más participativo y recurrir a preguntas abiertas, como "¿qué opina de la implantación de la vacuna de COVID-19?"
o "¿cuál es su opinión sobre las vacunas de COVID-19?". Tanto la American Academy of Pediatrics como la Organización Mundial de la Salud disponen de modelos de guiones que pueden ser útiles para que los profesionales sanitarios se preparen antes de iniciar el diálogo con sus pacientes.
Al hablar de las vacunas, conviene evitar referirse a estadísticas complicadas o utilizar términos difíciles, a menos que el paciente pida específicamente una aclaración.
En su lugar, se aconseja concentrarse en la información clave y en las conclusiones generales. Es preciso mantener el mensaje claro y conciso para los pacientes, pero también responder a las preguntas concretas que estos formulen.
Cuando sea posible, se personalizará la información para los pacientes, explicándoles cómo les afecta la información de manera específica de acuerdo con sus antecedentes médicos.
Por ejemplo, las pacientes que estén pensando en quedarse embarazadas o quienes estén tomando actualmente medicamentos inmunosupresores pueden preguntarse si deben recibir las nuevas vacunas de COVID-19.
También es importante contextualizar la información, como, por ejemplo, la relativa a los riesgos de las vacunas. Los pacientes tienden a sobrestimar los riesgos de las vacunas, a malinterpretar los conceptos estadísticos, o tienen dificultades para comprender tasas de riesgo como la de 1 entre 100.000, ya que 100.000 es un número tan grande que la mayoría de la gente no tiene con qué compararlo.
Puede servir de ayuda utilizar analogías con las que los pacientes puedan relacionarse personalmente, como comparar la población de la ciudad en la que vive el paciente con el riesgo de experimentar una complicación de la vacuna.
Del mismo modo, los pacientes tienden a subestimar el riesgo de adquirir una enfermedad o el riesgo de que se desarrollen síntomas graves a causa de la misma.
Comparar directamente los riesgos de contraer una enfermedad con el riesgo de complicaciones de las vacunas puede ayudar a convencer a algunos pacientes indecisos.
Después de la primera conversación sobre la vacuna con un paciente, es importante mantener el diálogo, con independencia de que las dudas persistan o no.
Es posible que los pacientes no comuniquen las preocupaciones o preguntas que tienen, en cuyo caso es preciso reservarles la oportunidad de mantener una conversación al respecto en cada visita.
Si un paciente ha expresado previamente su apoyo a la vacunación, se le preguntará cómo se siente sobre el desarrollo del proceso o sobre aspectos de su salud mental mientras espera a recibir una vacuna, como un buen comienzo de conversación.
En el caso de los pacientes que han expresado previamente sus dudas acerca de la vacunación, se les preguntará sobre sus sentimientos en torno a la vacuna teniendo en cuenta la cobertura de los medios de comunicación recientemente, también como una forma conveniente de iniciar la conversaci En pacientes que acuden a consulta con poca frecuencia, considere la posibilidad de enviarles un correo electrónico o de llamarlos directamente por teléfono para evaluar su interés en recibir la vacuna y abordar cualquier preocupación que pueda existir al respecto.
Esta acción es especialmente importante para los pacientes con alto riesgo de enfermedad y complicaciones de COVID-19. Aunque las razones por las que los pacientes dudan de recibir las vacunas son propias de cada uno, hay algunas inquietudes que resultan especialmente frecuentes.
Por ejemplo, los pacientes suelen estar preocupados por la seguridad de las vacunas COVID-19, teniendo en cuenta la rapidez con la que se han desarrollado y ante el hecho de que las vacunas de Pfizer y Moderna son las primeras de ARNm que se utilizan.
Dedicar tiempo a revisar el proceso de los ensayos clínicos con los pacientes, así como los resultados de dichos ensayos, puede ayudar a disminuir las dudas sobre las vacunas.
Los pacientes también podrían responder bien a la revisión del número de vacunas administradas desde el ensayo. Por ejemplo, en enero de 2021, se habían administrado más de 30 millones de dosis de vacunas de COVID-19 en todo el mundo sin ninguna reacción adversa que no se haya observado en los ensayos clínicos.
Otra creencia común de los pacientes es que no corren riesgo de infección o enfermedad grave, o que la COVID-19 no es una enfermedad real.
Los adultos jóvenes, en particular, pueden pensar que son inmunes a las infecciones o a las enfermedades graves. Destacar las tendencias epidemiológicas e insistir en que los pacientes jóvenes pueden desarrollar síntomas graves que pueden persistir durante años después de la infección ayuda a promover la vacunación.
Para los pacientes que dudan de que la COVID-19 sea real, una estrategia puede consistir en preguntarles por sus amigos, familiares y compañeros de trabajo.
¿Cómo han sido sus experiencias? Animar a estos pacientes a que hablen con personas de confianza que hayan estado enfermas, o que hayan trabajado directamente con los enfermos, puede convencerlos para que se vacunen.
Los pacientes también pueden tener dudas sobre la vacuna de COVID-19 porque ya son escépticos con otras vacunas Esta situación puede deberse a muchas de las razones que ya hemos comentado, así como a motivos religiosos, a la desconfianza en el gobierno y en las instituciones sanitarias o farmacéuticas, al deseo de mantener el control del propio cuerpo, a la creencia de que la infección natural produce una inmunidad más fuerte que la vacunación, a que las vacunas no funcionan o a que causan enfermedades como el autis Identificar cuáles de estas creencias tiene un paciente y proporcionarle recursos que las aborden adecuadamente les ayudará a vencer sus prevenciones.
En resumen, inicie una conversación con sus pacientes sobre la vacunación desde el principio, y hable con ellos sobre el tema de manera regular Haga todo lo posible por comprender sus conocimientos y opiniones, y descubra sus preocupaciones concretas y el origen de las mismas.
Aborde siempre el tema de forma comprensiva y, sobre todo, mantenga una buena relación de trabajo con su paciente, aunque este decida que la vacunación no es para él.