Los cálculos biliares son piedras duras que se encuentran en la vesícula biliar, y el íleo biliar se produce cuando un cálculo biliar se aloja en el intestino delgado.
Los factores de riesgo para desarrollar cálculos biliares incluyen aspectos como el sexo femenino, la obesidad, el embarazo y la edad, que a veces se recuerdan por las 4 F en inglés: mujer (Female), gorda (Fat), fértil y cuarentona (Forty).
A veces esos cálculos biliares pueden quedar alojados en el conducto cístico durante largos períodos de tiempo, y en ese caso, la bilis dentro de la vesícula biliar tiende a estancarse, y como la obstrucción no permite que sea expulsada periódicamente para ayudar a la digestión, esa bilis estancada tiende a irritar la mucosa de la vesícula en las paredes, y hace que comience a secretar moco y enzimas inflamatorias, lo que provoca una cierta inflamación, distensión y aumento de la presión, un trastorno conocido como colecistitis o inflamación de la vesícula bilia Si el cálculo biliar se desprende, la inflamación puede desaparecer.
Aunque es infrecuente, un cálculo grande (normalmente de más de 2,5 cm) puede causar una inflamación continua o repetida de la vesícula biliar, que puede hacer que la pared de la vesícula esté un poco edematosa o hinchada y algo más pegajos Como resultado, la pared de la vesícula biliar puede adherirse a una estructura cercana, con más frecuencia al duodeno, pero a veces al estómago, al colon y al yeyuno.
Con el tiempo, estos episodios repetidos de inflamación pueden hacer que la pared de la vesícula biliar se haga más fina y se erosione por completo, formando una fístula, que es un conducto entre la vesícula biliar y el órgano al que está pegada.
Si el otro órgano es el intestino delgado, se denomina fístula colecistoentérica y se convierte en una vía directa para que los cálculos biliares entren en el intestino.
Los cálculos biliares pequeños pueden pasar sin ninguna complicación y salir del cuerpo junto con las heces, pero los cálculos más grandes pueden atascarse a lo largo del tubo digestivo, sobre todo en el íleon terminal o la válvula ileocecal, y causar una obstrucción mecánica, que puede convertirse en una obstrucción parcial o completa.
Los signos y síntomas del íleo biliar consisten en distensión abdominal debida a la obstrucción, náuseas, vómitos y dolor recidivante en el cuadrante superior derecho, que es compatible con la inflamación repetida de la colecistitis crónica.
Los pacientes también pueden presentar deshidratación porque la acumulación de líquido y aire en el intestino puede hacer que sientan una gran aversión a la comida y la bebida.
El diagnóstico puede confirmarse mediante una radiografía, buscando la característica tríada de Rigler: neumobilia, o aire en los conductos biliares, signos de obstrucción del intestino delgado y un cálculo biliar fuera de la vesícul El tratamiento suele consistir en el control de los síntomas (p.
ej., el control de la deshidratación con líquidos intravenosos) y puede implicar la aspiración nasogástrica, que consiste en la inserción de una sonda a través de la nariz hasta el tubo digestivo para eliminar el líquido y el aire con el fin de aliviar la presión abdominal que puede acumularse cuando hay una obstrucción intestinal.
En los casos de obstrucción mecánica por un cálculo biliar puede ser necesaria la cirugía de urgencia. ##Resumen Como breve resumen...
El íleo biliar se produce cuando la colecistitis repetida, o la inflamación de la vesícula biliar, provoca la formación de una fístula colecistoentérica que permite que los cálculos biliares se desplacen hasta el intestino delgado y se queden alojados en él, lo que puede causar una obstrucción mecánica.