Gota

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La gota es una enfermedad inflamatoria en la que los cristales de urato monosódico se depositan en una articulación, que se presenta roja, caliente, sensible e hinchada en cuestión de horas.

Cuando esto ocurre, se llama ataque de gota.

La causa subyacente es la hiperuricemia, es decir, un exceso de ácido úrico en la sangre que da lugar a la formación de cristales puntiagudos, en forma de aguja, en zonas con un flujo sanguíneo lento como las articulaciones y los túbulos renales.

Con el tiempo, los ataques repetidos de gota causan la destrucción del tejido articular, lo cual da lugar a la artritis.

Para entender de dónde procede el ácido úrico, empecemos por las purinas, que, junto con las pirimidinas, son los heterociclos más frecuentes de la naturaleza que contienen nitrógeno.

Un heterociclo es cualquier anillo o ciclo molecular con diferentes tipos de átomos.

Las purinas, así como las pirimidinas, son componentes clave de los ácidos nucleicos como el ADN y el ARN, y cuando las células, junto con los ácidos nucleicos de esas células, se descomponen en todo el cuerpo, esas purinas se convierten en ácido úrico, una molécula que puede filtrarse de la sangre y excretarse en la orina.

Sin embargo, el ácido úrico tiene una solubilidad limitada en los fluidos corporales.

La hiperuricemia se produce cuando los niveles de ácido úrico superan el índice de su solubilidad, que es de unos 6,8 mg/dl.

A un pH fisiológico de aproximadamente 7,4, el ácido úrico pierde un protón y se convierte en un ion urato, que se une al sodio y forma cristales de urato monosódico.

Estos cristales pueden formarse como resultado de un mayor consumo de purinas, como por ejemplo por el consumo de alimentos ricos en purinas como el marisco, las anchoas, la carne roja o los productos de casquería.

También pueden ser el resultado de una mayor producción de purinas; por ejemplo, las bebidas que contienen jarabe de maíz con alto contenido en fructosa podrían contribuir a la formación de ácido úrico al aumentar la síntesis de purinas.

Otra forma en que pueden formarse cristales es por la disminución de la eliminación del ácido úrico, que puede ser consecuencia de la deshidratación por no beber suficiente agua o por el consumo de bebidas alcohólicas, ya que ambas permiten que el ácido úrico se precipite.

El consumo habitual de este tipo de alimentos también conduce a la obesidad y la diabetes, que son factores de riesgo para la gota.

Además, la hiperuricemia puede desarrollarse como resultado de la quimioterapia o la radioterapia, ya que las células mueren a un ritmo más rápido de lo normal.

Algunas personas tienen una predisposición genética a la sobreproducción de ácido úrico, mientras que otras con nefropatías crónicas pueden ser incapaces de excretar el ácido úrico.

Por último, hay algunos medicamentos como los diuréticos tiazídicos y el ácido acetilsalicílico que también aumentan los niveles de ácido úrico y, por tanto, el riesgo de gota.

Fuentes

  1. "Robbins Basic Pathology" Elsevier (2017)
  2. "Harrison's Principles of Internal Medicine, Twentieth Edition (Vol.1 & Vol.2)" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
  3. "Pathophysiology of Disease: An Introduction to Clinical Medicine 8E" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
  4. "CURRENT Medical Diagnosis and Treatment 2020" McGraw-Hill Education / Medical (2019)
  5. "Gout" The Lancet (2016)
  6. "Update on gout: new therapeutic strategies and options" Nature Reviews Rheumatology (2010)
  7. "Diagnosis of Acute Gout: A Clinical Practice Guideline From the American College of Physicians" Annals of Internal Medicine (2016)