Trastornos de la personalidad: revisión de la patología

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Anna, de 28 años, es llevada a urgencias por su compañera de piso, que la encontró en el baño a punto de cortarse las venas.

En la entrevista, Anna le dice que su novio de dos semanas ha roto hoy con ella.

Cuando se le pregunta cómo se siente, solo responde "vacía".

También revela que ha tenido varias relaciones íntimas, siempre maravillosas al principio, que terminan en decepción.

En la exploración física, observa que Anna tiene múltiples cicatrices en los antebrazos y las muñecas.

A continuación, Luis, de 35 años, se presenta en la clínica con su novia, que piensa que es demasiado tímido y que le convendría recibir ayuda profesional.

Luis menciona que desde pequeño siempre ha sido "el callado".

Tiene muy pocos amigos, y evita reunirse con gente nueva, por miedo a no gustarles.

Por último, en la consulta está Bella, una mujer de 41 años, que acude a urgencias porque cree que ha sido envenenada por su prometido.

Está segura de que él ha estado planeando matarla antes de la boda.

Cuando le pregunta por el motivo de su sospecha, o si tiene alguna prueba, Bella afirma que su prometido se ha ofrecido con frecuencia a prepararle la comida.

También menciona que tiene miedo a perder su trabajo, porque sus compañeros han intentado sabotearla.

Además, Bella no se habla con ninguno de sus familiares desde que, hace cuatro años, se olvidaron de su cumpleaños.

Según la presentación inicial, Anna, Luis y Bella parecen padecer un trastorno de la personalidad.

En general, todos nosotros nos distinguimos por un conjunto de rasgos personales, que son patrones repetitivos que implican la forma en que pensamos, sentimos, actuamos o nos comportamos, así como nos percibimos tanto a nosotros como a lo que nos rodea.

Esta combinación conforma la personalidad de una persona.

A pesar de ello, normalmente deberíamos ser capaces de hacer frente a las circunstancias diarias y adaptar en consecuencia nuestra personalidad.

A veces estos rasgos personales pueden interferir en el funcionamiento cotidiano de alguien en su vida personal, en el trabajo o en los entornos sociales.

Si así sucediera, se diría que la persona tiene un trastorno de personalidad.

En general, estos trastornos se caracterizan por rasgos de personalidad que pueden ser rígidos, es decir, estables y de larga duración, inflexibles, es decir, que las personas actúan de una determinada manera en la mayoría de las situaciones, y desadaptativos, ya que les cuesta adaptarse a circunstancias nuevas o diferentes.

Sin embargo, lo verdaderamente interesante es que estos rasgos siguen siendo egosintónicos, lo que significa que siguen siendo coherentes con los valores, las creencias y la imagen de uno mismo de las personas, también conocidos como ego.

A veces, esto hace que las personas afectadas por un trastorno de la personalidad no vean sus comportamientos como problemáticos.

Los trastornos de la personalidad suelen surgir en la adolescencia o en los primeros años de la edad adulta, y que se han descrito diez de estos trastornos que se clasifican en los grupos A, B y C, cada uno con sus patrones específicos de pensamiento y comportamiento.

En primer lugar, los trastornos de la personalidad del grupo A se caracterizan por un pensamiento o comportamiento extraño o excéntrico, e incluyen los trastornos de la personalidad paranoide, esquizoide y esquizotípico.

Un dato muy interesantees que los trastornos de la personalidad del grupo A están relacionados con tasas más altas de esquizofrenia, y a la inversa, las individuos con una asociación genética con la esquizofrenia son más propensos a desarrollar un trastorno de la personalidad del grupo A.

El trastorno paranoide de la personalidad describe a alguien extremadamente crítico y, en general, desconfiado, con sospechas permanentes sobre otras personas sin ninguna razón o prueba real.

También presuponen que los demás los decepcionarán, los manipularán o hablarán mal de ellos a sus espaldas.

Por ello, están constantemente hipervigilantes o alerta en exceso, y tienden a enfadarse o a contestar, y también guardan rencor.

Este es un dato muy importante.

En muchos sentidos, este comportamiento puede afectar radicalmente al trabajo de la persona, a su vida familiar y a la forma en que se relaciona con los que la rodean, para instaurar un ciclo que lleva a actitudes aún más paranoicas y, en última instancia, a un retraimiento social o a conductas extrañas.

Por lo tanto, conviente recordar que estas personas suelen cultivar relaciones superficiales.

A continuación puede hablarse del trastorno esquizoide de la personalidad.

Este trastorno se produce cuando las personas afectadas evitan la interacción social porque, simplemente, no están interesadas en conocer a otras.

En una pregunta de examen, repare en si la persona no tiene amigos cercanos y elige casi siempre actividades solitarias porque no disfruta de la compañía.

Estas personas presentan incluso anhedonia, es decir, disfrutan de pocas actividades, si es que las hay, y no encuentran placer en el contacto físico, desde la actividad sexual hasta el hecho de tomarse de la mano.

Otro aspecto importante que ha de tenerse en cuenta es que estas personas suelen mostrar una afectividad plana y embotamiento emocional, por lo cual no muestran emociones positivas o negativas.

El último grupo de trastornos de la personalidad A es el trastorno esquizotípico de la personalidad, en el que la persona se muestra extravagante o se comporta de manera excéntrica.

Las personas con trastorno esquizotípico de la personalidad pueden ser demasiado supersticiosas o incidir en un pensamiento mágico excesivo; por ejemplo, creen en la clarividencia o la telepatía.

En relación con lo anterior se habla de ideas de referencia, según las cuales existe una falsa creencia de que sucesos o detalles reales e irrelevantes del exterior están relacionados directamente con uno mismo.

Por ejemplo, los afectados piensan que llueve porque el mundo les envía una señal específica.

Estos problemas no deben confundirse con los delirios, que son creencias que no se basan en la realidad.

Este dato es importante porque puede ayudar a diferenciar el trastorno esquizotípico de la personalidad de la esquizofrenia en sí, en la cual los delirios son característicos.

Ahora bien, al igual que los que padecen el trastorno esquizoide de la personalidad, las personas con trastorno esquizotípico de la personalidad tienden a ser socialmente torpes y a tener pocas personas cercanas.

Sin embargo, a diferencia de los esquizoides, suelen tener un fuerte deseo de relaciones, pero a menudo son incapaces de mantenerlas.

Ello se debe a que estas personas tienen una forma egocéntrica de hablar, vestirse o actuar que es socialmente inapropiada y puede ahuyentar a la gente.

Una forma de recordar este dato es que los esquizoides son distantes con "D", y los esquizotípicos tienen pensamientos extraños con "P".

Por último, otra cuestión que hay que tener en cuenta es que las personas con trastorno esquizotípico de la personalidad tienen una afectividad inapropiada o constreñida, lo que puede llevarlos a reírse en un entierro o sonreír ante la noticia de una tragedia.

Cambiemos de asunto y hablemos a continuación de los trastornos de la personalidad del grupo B, que se caracterizan por un pensamiento o un comportamiento excesivamente emocional, dramático o imprevisible; incluyen los trastornos de la personalidad antisocial, límite, histriónica y narcisista.

Para los exámenes, tenga en cuenta que los cuatro tienen una asociación genética con los trastornos del estado de ánimo, como la depresión y el trastorno bipolar, así como con el consumo de sustancias.

Analicemos a continuación el trastorno de personalidad antisocial.

Aun cuando el nombre incite a pensar que las personas afectadas no se llevan bien con los demás, no sucede así.

De hecho, ocurre al contrario, estas personas suelen ser encantadoras, y a menudo utilizan esta cualidad para manipular a los demás en su beneficio personal.

Recuerde que las personas con trastorno antisocial de la personalidad muestran poca empatía, lo que significa que no están dispuestos a reconocer los sentimientos y las necesidades de los demás, así como una falta de remordimiento o de culpa, como demuestra la indiferencia con que se comportan hacen daño, maltratan o roban a los demás.

También ignoran los valores morales y las normas de la sociedad, y tienen un escaso control de los impulsos.

Esta combinación favorece su propensión a perjudicar a los demás si con ello obtienen algún beneficio, a mentir y recurrir a alias de personalidad, de tender a comportamientos agresivos e ilegales que los lleva a recibir a veces la consideración de sociópatas o psicópatas.

Recuerde que las personas con este trastorno suelen estar sobrerrepresentadas en la población carcelaria.

Otra particularidad del trastorno antisocial de la personalidad es que es más frecuente en los hombres; para cumplir el diagnóstico, las personas deben ser mayores de 18 años y tener antecedentes de trastorno de la conducta con inicio antes de los 15 años.

Por lo tanto, si la persona es menor de 18 años se le aplica un diagnóstico de trastorno de conducta.

Este es un dato muy importante.

El siguiente es el trastorno límite de la personalidad, que es, en cambio, más frecuente en las mujeres.

Las personas con trastorno límite de la personalidad se caracterizan por su tendencia a los estados de ánimo inestables.

Así, en un minuto pueden pasar de estar felices a la rabia o la tristeza, por lo cual cultivan un patrón de relaciones intensas e inestables, que alternan entre los extremos de la idealización y la decepción.

Por ejemplo, pasan de pensar que su pareja es el amor de su vida para, al día siguiente, creer que esa misma persona no vale nada.

Conviene recordar que este patrón recibe a veces el nombre de inestabilidad estable, porque lo único constante es la inestabilidad.

Además, las personas con un trastorno límite de la personalidad se sienten a menudo "vacías" y "perdidas".

En este contexto es muy interesante saber que estas personas recurren con frecuencia a un mecanismo de defensa llamado división en el que las personas y las cosas importantes, como un trabajo, son vistas como completamente positivas o como absolutamente indeseables.

Además, las personas con trastorno límite de la personalidad suelen tener terror al abandono y pueden llegar a actos extremos, como comportamientos suicidas, amenazas o conductas de automutilación, como cortarse o quemarse deliberadamente.

Este aspecto puede asociarse a una falta de control de los impulsos, lo que lleva a comportamientos potencialmente perjudiciales para sí mismos, como gastar el dinero que no tienen o consumir abusivamente ciertas sustancias.

A continuación cabe hablar del trastorno histriónico de la personalidad, cuyas características principales son la emocionalidad excesiva (las emociones son lábiles o cambian rápidamente, además de superficiales) y la búsqueda de atención.

De hecho, las personas afectadas se sienten incómodas en situaciones en las que no son el centro, y a menudo manipulan el ambiente para atraer más la mirada hacia ellos.

Una pista importante es que se distinguen por un estilo especial de hablar, así como por expresiones exageradas, con un dramatismo y una teatralidad excesivos.

También suelen aprovecharse de su atractivo físico, coquetear y actuar de forma sexualmente seductora o provocativa.

Fuentes

  1. "Histology: A Text and Atlas, International Edition" Wolters Kluwer Law & Business (2019)
  2. "Wheater's Functional Histology" Churchill Livingstone (2013)
  3. "Junqueira's Basic Histology: Text and Atlas, Fourteenth Edition" McGraw-Hill Education / Medical (2015)
  4. "Robbins Basic Pathology" Elsevier (2017)
  5. "Diagnostic Immunohistochemistry" Elsevier (2021)
  6. "Cytology" Saunders (2014)