Síndrome poscovid: corazón, pulmones y coagulación
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Ahora que llevamos un año de pandemia de COVID-19, empezamos a conocer los efectos duraderos a largo plazo de la enfermedad.
A los síntomas prolongados se les ha llamado coloquialmente COVID persistente, y a los que experimentan estos síntomas se les llama sintomáticos persistentes.
La COVID persistente también puede denominarse COVID crónico, síndrome crónico de COVID-19 o síndrome poscovídico, ya que aún no se ha establecido un término oficial.
Es importante recordar que la investigación sobre la covid-19 y sus efectos prolongados en el organismo no ha hecho más que empezar, y hasta la fecha no podemos sacar ninguna conclusión firme sobre los efectos a largo plazo de la enfermedad.
Los estudios que destacamos aquí representan solo los resultados iniciales, y deben tomarse con un cierto grado de precaución.
Para empezar, estamos descubriendo que las complicaciones a largo plazo de la COVID-19 son bastante frecuentes.
En octubre de 2020, el National Institute for Health Research de Reino Unido anunció que entre el 10 y el 20% de las personas que contrajeron la COVID-19 siguen teniendo síntomas o complicaciones de la COVID-19 un mes después del diagnóstico.
Un estudio realizado en Italia indicó que el 87% de los pacientes infectados con COVID-19 seguían teniendo síntomas persistentes 60 días después de que comenzaran los síntomas iniciales.
Ante el creciente número de personas que experimentan síntomas de la COVID-19 a largo plazo, el British National Institute for Health and Care Excellence, también llamado NICE, ha clasificado tres etapas únicas de recuperación de la COVID-19.
La etapa aguda de la COVID-19 es el período de recuperación dentro de las 4 semanas siguientes al diagnóstico.
La etapa de la COVID-19 en curso dura de 4 a 12 semanas después del diagnóstico y la etapa de la COVID persistente dura más de 12 semanas después del diagnóstico.
La astenia es el síntoma más frecuente que parece persistir después de la infección por COVID-19.
En un estudio realizado en Irlanda se descubrió que más de la mitad de los pacientes seguían teniendo síntomas persistentes de astenia 10 semanas después del diagnóstico inicial, independientemente de la gravedad de sus síntomas iniciales.
También son frecuentes los problemas cardiopulmonares, como la disnea, la tos y el dolor torácico.
Un estudio realizado en Reino Unido reveló que el 60% de los pacientes ingresados en plantas de medicina general y el 72% de los pacientes de cuidados intensivos seguían teniendo disnea entre 4 y 8 semanas después del alta hospitalaria.
Del mismo modo, un estudio chino descubrió que más del 50% de los pacientes obtuvieron peores resultados en las pruebas de la función pulmonar por espirometría 30 días después del alta hospitalaria.
Un grupo alemán utilizó una RM en varios pacientes con COVID-19 y descubrió que el 78% de ellos tenía algún tipo de problema cardíaco potencialmente causado por la enfermedad alrededor de 2 a 3 meses después del diagnóstico, y el 60% de los pacientes mostraba inflamación miocárdica.
Los problemas neurológicos más frecuentes 3 meses después del diagnóstico parecen ser la cefalea; la pérdida sensitiva, incluidos la visión, el oído, el gusto, el olfato y el entumecimiento; los problemas de movilidad; la pérdida de memoria; los temblores; y el deterioro cognitivo.
No está claro si estos síntomas son una continuación de la infección inicial por la COVID-19 o si están relacionados con un síndrome crónico de COVID completamente nuevo, aunque separado, que solo hemos empezado a descubrir.
Sin embargo, se han propuesto algunas hipótesis sobre lo que podría contribuir a la prolongación de los síntomas de la COVID-19.
El sistema inmunitario de algunas personas puede responder a la COVID-19 con más fuerza que el de otras.