Glioblastoma (NORD)
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El glioblastoma multiforme, o glioblastoma, es un tumor cerebral canceroso poco frecuente que crece a partir de una célula nerviosa auxiliar llamada astrocito. Se clasifica como astrocitoma de tipo IV, un tipo de tumor agresivo. Los glioblastomas crecen muy deprisa y suelen afectar al cerebro o a la médula espinal de los adultos, impidiendo su funcionamiento normal.
Se cree que el glioblastoma está causado por un cambio genético que lleva a un astrocito a replicarse sin control, formando un tumor. A medida que el tumor crece, se extiende rápidamente, invadiendo y comprimiendo el tejido cerebral cercano. Aunque los glioblastomas pueden afectar a cualquier parte del cerebro, lo más frecuente es que afecten al hemisferio cerebral, que controla el movimiento, las sensaciones, la memoria, la cognición, o pensamiento complejo, y el lenguaje.
Otros factores de riesgo del glioblastoma pueden ser: tratamientos previos de radiación en el cerebro; antecedentes de trabajo en la fabricación de caucho sintético o el refinado de petróleo; o exposición a cloruro de vinilo o pesticidas. Aunque la mayoría de las personas que han tenido estas experiencias nunca desarrollan esta enfermedad.
El glioblastoma es más frecuente en pacientes de entre 45 y 70 años. Las personas suelen presentar dolores de cabeza, náuseas, vómitos y convulsiones. Además, los pacientes pueden presentar anomalías neurológicas en función del tamaño y la localización del tumor. Por ejemplo, la afectación de la corteza motora puede provocar debilidad muscular; la afectación de la corteza sensorial puede causar entumecimiento; la afectación del lóbulo frontal puede provocar cambios en la personalidad; la afectación de las áreas responsables del lenguaje puede afectar al habla; y la afectación de las áreas responsables de la visión puede provocar ceguera.
El glioblastoma también puede causar inflamación cerebral u obstruir el flujo de líquido cefalorraquídeo, lo que provoca un aumento de la presión dentro del cráneo. Estas peligrosas complicaciones no ocurren a menudo, pero, si lo hacen, pueden requerir tratamiento de urgencia.
La resonancia magnética del cerebro suele ser una de las primeras pruebas que se realizan cuando se sospecha un tumor cerebral. El glioblastoma puede diagnosticarse cuando las imágenes de resonancia magnética muestran una masa que invade el tejido cerebral circundante. La confirmación de este diagnóstico requiere una biopsia, guiada por TC o RM, para obtener una muestra de tejido. A continuación, la muestra se examina con el microscopio. Se pueden realizar pruebas adicionales de la muestra de tejido para identificar marcadores tumorales únicos que pueden ayudar a determinar el mejor plan de tratamiento.
Aunque las personas con glioblastoma tienen un mal pronóstico, con bajas tasas de supervivencia a largo plazo, existen tratamientos para prolongar la supervivencia y mejorar la calidad de vida.