Bordetella pertussis (tos ferina)
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Bordetella pertussis (tos ferina)
Bacteriología
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La tosferina es una infección contagiosa causada por la bacteria Bordetella pertussis, que provoca violentos ataques de tos, llamados paroxismos, que dificultan la respiración.
Cuando por fin se puede respirar, el aire entra a través de las vías respiratorias parcialmente cerradas e inflamadas, lo que genera un ruido estridente que da a la tosferina su otro nombre, tos convulsa.
Bordetella pertussis es un cocobacilo Gram negativo, lo que significa que adopta el aspecto de una varilla corta de color rosa en una tinción de Gram.
Se transmite de una persona a otra a través del estornudo o la tos que, cuando sucede, lleva a que miles de gotas llenas de bacterias salgan disparadas a unos dos metros de distancia.
Estas gotas pueden caer en la boca o la nariz de las personas cercanas, o ser inhaladas directamente en los pulmones.
La bacteria también tiene capacidad para sobrevivir durante varios días en superficies secas, por lo que es posible contraerla tocando una superficie, como el pomo de una puerta contaminada, si después se lleva la mano a los ojos, la nariz o la boca.
Bordetella pertussis libera toxinas, que son proteínas que ayudan a la bacteria de diversas maneras a adherirse y dañar las células epiteliales respiratorias.
Comienza con tres toxinas: la hemaglutinina filamentosa, la pertactina y el aglutinógeno, que ayudan a fijar Bordetella pertussis a los epitelios en donde permanece durante la infección.
Después está la citotoxina traqueal, que paraliza los cilios, unas pequeñas proyecciones pilosas de las células epiteliales, de modo que ya no pueden realizar su movimiento de barrido hacia delante y hacia atrás.
Normalmente, estos cilios barren la mucosidad y cualquier bacteria adherida al moco, por lo que su parálisis permite que la tosferina permanezca bien adherida a los epitelios.
Esto también significa que la mucosidad comienza a acumularse, lo que desencadena un violento reflejo de la tos para despejar las vías respiratorias, con lo que se inician esos ataques de tos.
Otra toxina es la propia de la tosferina, que también ayuda a anclar la tosferina a los epitelios.
Además de ello, la toxina de la tosferina provoca un aumento de las concentraciones absolutas de linfocitos en la sangre, concretamente un aumento de la población de linfocitos T que quedan en suspensión a través de diversos mecanismos.
En primer lugar, la toxina de la tosferina estimula la división de los linfocitos T, lo que hace que abandonen el bazo y el timo y entren en la circulación, y también bloquea su salida de la sangre y su migración a los tejidos.
La toxina de la tosferina también hace que los vasos sanguíneos del tejido respiratorio sean más sensibles a la histamina, lo que facilita la salida de líquido de los vasos sanguíneos hacia los tejidos de las vías respiratorias.
Como consecuencia, las vías respiratorias se inflaman, lo que dificulta la respiración de la persona, y provoca el clásico sonido "estridente" durante un ataque de tos.
Por último, existe una toxina llamada toxina de la adenilato ciclasa que bloquea la llegada de los fagocitos al lugar de la infección e impide que puedan destruir las bacterias que consiguen fagocitar cuando llegan.
Por si fuera poco, la toxina de la adenilato ciclasa incluso induce a los fagocitos a sufrir apoptosis, es decir, a suicidarse.
La infección por tosferina comienza con el período de incubación, o tiempo que transcurre entre la entrada de la bacteria en el organismo y la aparición de los síntomas, que suele durar aproximadamente una semana.
Durante este tiempo, la Bordetella pertussis se encuentra en el tracto respiratorio, pero no se ha multiplicado lo suficiente para crear un daño notable.
Sin embargo, una vez que la concentración bacteriana aumenta, los daños en las vías respiratorias provocan síntomas como congestión nasal, tos y, en ocasiones, fiebre baja.
Es la denominada fase catarral, de unas dos semanas de duración.
En este punto, la tosferina es muy contagiosa porque la presencia de muchas bacterias en las vías respiratorias hace que sean fáciles de aerosolizar.
Después aparece la fase paroxística, que dura de 1 a 6 semanas más.
Aunque el sistema inmunitario está eliminando la Bordetella pertussis durante esta fase, los síntomas persisten debido al daño causado por la bacteria cuando estaba viva y floreciente.