Definitions & Key takeaways

Adrenergic antagonists are a type of drug that blocks the action of adrenaline in the body. Adrenaline is a hormone that is released in response to stress or excitement, and it causes the heart rate to speed up and the blood vessels to narrow.

Beta-blockers are a type of adrenergic antagonist that blocks the sympathetic activation of Beta-adrenergic receptors. Beta-blockers work by blocking the action of adrenaline, which is responsible for the body's fight-or-flight response. This makes them ideal for treating conditions where the body's natural response to stress is harmful, such as high blood pressure and heart arrhythmia.

Chapters:

Introduction0:00–0:18

Los alfabloqueantes y los betabloqueantes son dos tipos de medicamentos antiadrenérgicos postsinápticos que impiden que sus respectivos receptores sean estimulados por las catecolaminas, como la norepinefrina y la epinefrina.
El sistema nervioso se divide en central, es decir, el cerebro y la médula espinal, y periférico, que incluye todos los nervios que conectan el sistema nervioso central con los músculos y los órganos.

Physiology0:18–3:42

El sistema nervioso periférico puede dividirse en el sistema nervioso somático, que controla el movimiento voluntario de los músculos esqueléticos, y el sistema nervioso autónomo, que controla el movimiento involuntario de los músculos lisos y las glándulas de los órganos; este sistema se divide, a su vez, en los sistemas nerviosos simpático y parasimpático.
El sistema nervioso autónomo está formado por un retransmisor que incluye dos neuronas. A continuación nos centraremos en el sistema nervioso simpático.
Las señales del sistema nervioso autónomo comienzan en el hipotálamo, en la base del cerebro. Las neuronas hipotalámicas disponen de axones muy largos que llevan las señales hasta los núcleos de la médula espinal torácica y lumbar, donde forman sinapsis con los cuerpos celulares de las neuronas preganglionares.
A partir de ahí, la señal se desplaza desde las neuronas preganglionares por su axón relativamente corto, sale de la médula espinal y llega al cercano ganglio simpático, que está formado por muchos cuerpos celulares de neuronas posganglionares.
Las neuronas posganglionares también se llaman adrenérgicas, porque liberan el neurotransmisor noradrenalina, conocido igualmente por norepinefrina; y en mucho menor grado, adrenalina.
Estas dos catecolaminas activan los receptores adrenérgicos en numerosos órganos diferentes, lo que permite que el sistema nervioso simpático desencadene la respuesta de lucha o huida que aumenta la frecuencia cardíaca y la presión arterial, a la vez que ralentiza la digestión.
Esta respuesta eleva al máximo el flujo sanguíneo a los músculos y al cerebro, y puede ayudar a la persona a huir de una amenaza o a hacerle frente, y de ahí el nombre de respuesta de lucha o huida.
Existen dos grupos principales de receptores adrenérgicos: los receptores alfa y los receptores beta. Centrémonos en los receptores beta, que tienen dos subtipos principales: beta1 (β1) y beta2 (β2).
Los receptores adrenérgicos beta1 se localizan principalmente en el corazón, donde aumentan la frecuencia cardíaca y la contractilidad, lo que ayuda a bombear más sangre.
Estos receptores beta1 también se encuentran en el riñón, donde estimulan un tipo de células muy especiales, llamadas yuxtaglomerulares, para que liberen renina.
La renina forma parte del sistema renina-angiotensina-aldosterona, que aumenta la retención de sodio y agua por los riñones y contribuye a aumentar la presión arterial.
En cuanto a los receptores adrenérgicos beta2, se encuentran en las células musculares lisas de las paredes de los vasos sanguíneos que irrigan los músculos esqueléticos y el cerebro, lo que provoca una vasodilatación y un aumento del flujo sanguíneo a estos tejidos.
En los pulmones, los receptores adrenérgicos beta2 provocan una broncodilatación, con lo que aumenta el aporte de oxígeno a las células.
En el tracto gastrointestinal, disminuyen la motilidad y ralentizan la digestión. En los ojos, actúan sobre el cuerpo ciliar para promover la secreción de humor acuoso, que proporciona apoyo y ayuda a mantener la forma del ojo.
En el hígado, hacen que se libere más glucosa en la sangre. En los islotes pancreáticos de Langerhans, favorecen la liberación de insulina.
Por último, los receptores beta2 estimulan una enzima que se encuentra en la superficie de las células que recubren las paredes capilares, denominada lipoproteína lipasa, encargada de descomponer los triglicéridos en ácidos grasos libres y glicerol.
Los medicamentos que actúan sobre las neuronas adrenérgicas postsinápticas periféricas para bloquear los receptores adrenérgicos se llaman antiadrenérgicos postsinápticos periféricos.
Según el tipo de receptores que bloquean, se dividen en dos categorías principales: los alfabloqueantes y los betabloqueantes.
A su vez, los betabloqueantes se dividen en tres generaciones. La primera generación de betabloqueantes es la formada por bloqueantes no selectivos, que actúan como antagonistas de los receptores adrenérgicos beta1 y beta2.
En este grupo se encuentran el propranolol, el timolol, el nadolol, el sotalol y el pindolol. En realidad, el pindolol no es un antagonista puro, sino parcial.

Mechanism of action3:42–4:02

Esto significa que, cuando se une a un receptor beta, lo estimula muy débilmente, pero, al mismo tiempo, impide la unión y la estimulación por parte de las catecolaminas más potentes.

1st gen (non-selective) beta blockers4:02–8:37

Esta acción se conoce como efecto simpaticomimético intrínseco. Expresado en términos más sencillos, el pindolol tiene los mismos efectos, pero más débiles, que los otros betabloqueantes de primera generación.
Ahora bien, al bloquear los receptores beta1 del corazón, estos medicamentos disminuyen la frecuencia cardíaca y la contractilidad, lo que permite que el corazón trabaje menos y bombee menos sangre; como resultado, se produce una disminución de sus demandas de oxígeno y energía, así como un descenso de la presión arterial.
Al mismo tiempo, el bloqueo de beta1 en las células yuxtaglomerulares del riñón disminuye la liberación de renina, lo que a su vez reduce la angiotensina II y la aldosterona, dejando que se pierda más sodio y agua en la orina, y reduciendo aún más la presión arterial.
Ahora bien, al bloquear los receptores beta2 se induce también cierta vasoconstricción de los vasos sanguíneos que irrigan los músculos esqueléticos y el cerebro.
No obstante, este efecto suele ser muy leve y no tiene un efecto significativo en la presión arterial. De hecho, en el cerebro los receptores beta2 de los vasos sanguíneos solo son alcanzados por el propranolol, que es lo suficientemente liposoluble como para penetrar la barrera hematoencefálica e inducir cierto grado de vasoconstricción.
Desde el punto de vista de los pulmones, el bloqueo de los receptores beta2 provoca una broncoconstricción, o estrechamiento de las vías respiratorias, que obstruye el flujo de aire y deja pasar menos oxígeno.
En el tracto gastrointestinal, el bloqueo beta2 acelera la motilidad. En el ojo, la producción de humor acuoso disminuye, por lo que la presión intraocular, o presión dentro del ojo, desciende.
En el hígado, se libera menos glucosa en el torrente sanguíneo y el páncreas libera menos insulina. Por último, la inhibición de la lipoproteína lipasa conduce a la acumulación de triglicéridos en la sangre.
Así pues, si se consultan las indicaciones de los betabloqueantes no selectivos, puede verse que se utilizan ampliamente en el tratamiento de la hipertensión y de la enfermedad arterial coronaria, en forma de angina de pecho o ataque al corazón.
También se ha sugerido que los betabloqueantes ralentizan la progresión de la insuficiencia cardíaca congestiva (ICC). Sin embargo, esta cuestión está aún sujeta a debate, ya que las personas con insuficiencia cardíaca suelen depender del impulso simpático para mantener cierto grado de función cardíaca.
Así que, en tal situación, los betabloqueantes podrían empeorar las cosas, especialmente en caso de agravamiento agudo de la ICC.
Además, los betabloqueantes pueden utilizarse para reducir la frecuencia cardíaca en casos de taquicardia grave, como sucede en la tormenta tiroidea, que es una complicación aguda y potencialmente mortal del hipertiroidismo en la que el organismo se vuelve muy sensible a los efectos del exceso de hormona tiroidea.
Por la misma razón, algunas personas recurren a estas sustancias en casos de ansiedad grave, por ejemplo, antes de hablar en público.
Por su parte, el propranolol, en particular, también ha mostrado capacidad para prevenir eficazmente las migrañas, un tipo muy intenso de cefalea, tal vez al alterar el flujo sanguíneo que llega al cerebro.
A su vez, el timolol ayuda a reducir la presión intraocular cuando se aplica en el ojo por vía tópica, por lo que se ha utilizado en el tratamiento del glaucoma.
Los efectos secundarios de los betabloqueantes no selectivos incluyen la bradicardia y la hipotensión, derivadas de un descenso excesivo de la frecuencia cardíaca o de la presión arterial, respectivamente.
También hay que tener en cuenta que, cuando se abandona repentinamente el consumo de estos fármacos, pueden aparecer taquicardias graves de rebote, hipertensión o incluso arritmias, es decir, una frecuencia cardíaca irregular.
También suele presentarse fatiga, quizá debido a la reducción del flujo sanguíneo a los músculos, así como mareos, depresión, insomnio y pesadillas, sobre todo por los efectos del propranolol en el sistema nervioso central.
Como pueden provocar sibilancias, falta de aire y opresión en el pecho, están estrictamente contraindicados tanto en la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) como en el asma.
A veces también se ha observado diarrea. En otros casos, aparece hipertrigliceridemia, o aumento de los triglicéridos en sangre, e hipoglucemia, que es la reducción de los valores de glucosa en sangre.
La hipoglucemia es el efecto secundario que hay que vigilar, ya que puede pasar desapercibida, porque los betabloqueantes atenúan los efectos contrarreguladores y los síntomas de las catecolaminas, como la taquicardia y los temblores.
Esta situación resulta especialmente peligrosa en personas con diabetes, que ya toman otros medicamentos hipoglucemiantes en importante cantidad, como la insulina.
Por su parte, los betabloqueantes de segunda generación son selectivos para los receptores adrenérgicos beta1, por lo que se denominan betabloqueantes beta1 selectivos o cardioselectivos.
Algunos ejemplos son el atenolol, el metoprolol, el bisoprolol, el esmolol y el acebutolol. Al igual que el pindolol, el acebutolol es un agonista parcial de los receptores beta1, con una actividad simpaticomimética intrínseca y efectos bloqueantes beta1 más débiles.
Una vez más, al bloquear los receptores beta1, estos medicamentos reducen la presión arterial al disminuir la frecuencia cardíaca y la contractilidad, mientras que en los riñones limitan la liberación de renina.

2nd gen (selective) beta blockers8:37–9:55

Por ello resultan adecuados para el tratamiento de la hipertensión, la enfermedad arterial coronaria y los casos de taquicardia grave, como la tormenta tiroidea y la ansiedad.
Aunque su uso en la insuficiencia cardíaca congestiva también es controvertido, el metoprolol y el bisoprolol han mostrado resultados bastante buenos, por lo que se administran habitualmente.
Debido a la ausencia del bloqueo beta2, no provocan broncoconstricción, por lo que pueden utilizarse con seguridad en personas con EPOC y asma.
Además, no afectan tanto a la glucosa en sangre, por lo que son los betabloqueantes preferidos para los diabéticos. Con todo, hay que tener en cuenta que, en dosis suficientemente altas, estos medicamentos también pueden empezar a bloquear los receptores beta2, por lo que quienes los consumen han de ser objeto permanentemente de un minucioso control.
Por último, existe una tercera generación de betabloqueantes, que incluye el labetalol y el carvedilol. Lo que diferencia a esta generación es que, además de bloquear ambos receptores beta, pero con una selectividad más alta por los receptores beta1, sus miembros bloquean los receptores alfa1 de los vasos sanguíneos, que normalmente causan vasoconstricción.
Esto los hace especialmente útiles en el tratamiento de la hipertensión cuando la vasoconstricción es un problema, como sucede en las vasculopatías periféricas.
El labetalol, en particular, es el medicamento más utilizado para el tratamiento de la hipertensión crónica en el embarazo.

Third generation beta blockers9:55–11:04

Suele administrarse también por vía intravenosa en caso de emergencia hipertensiva: cuando la presión arterial se eleva mucho y muy rápido, y también ante signos de daño en órganos finales, como el cerebro y los riñones.
El carvedilol tiene asimismo propiedades antioxidantes, lo que significa que disminuye la producción de radicales libres y evita el engrosamiento de las paredes de los vasos sanguíneos, un efecto beneficioso en el tratamiento de la insuficiencia cardíaca.
Sin embargo, tanto el labetalol como el carvedilol tienen efectos secundarios del bloqueo alfa, como la hipotensión ortostática, en la que se produce un descenso repentino de la presión arterial cuando la persona pasa bruscamente de posición de decúbito a bipedestación.
A modo de recordatorio se ofrece a continuación una regla nemotécnica sencilla y divertida que ayudará a memorizar y retener eficazmente todos estos datos farmacológicos.
Como los betabloqueantes terminan en "-lol", imaginemos que estamos en el club de la comedia LOL. Formemos 3 escenarios para las 3 generaciones.
Todos los escenarios están decorados con pequeños corazones con cuchillos clavados para representar la enfermedad de las arterias coronarias, como, por ejemplo, un ataque al corazón.
Además, todos tienen micrófonos con manguitos de presión arterial para señalar la hipertensión. El primer escenario corresponde a Beta 1 y 2, por los receptores a los que se dirigen los betabloqueantes de primera generación.

Memory palace11:04–14:33

En este escenario tenemos propranolol, timolol, nadolol, sotalol y pindolol. Así que representemos una escena sobre un hombre llamado Tim, por el timolol, que se toma un refresco de soda, por el sotalol.
Está tratando de arreglar su barbacoa de gas propano, que representa al propranolol, pero no le funciona bien. Frustrado, tira de la anilla de una granada para el pindolol y el nadolol, y decide hacerlo saltar todo por los aires.
Ahora, considerando las indicaciones específicas del fármaco, Tim está tan enfadado que se le salen los ojos de las órbitas, lo que representa un aumento de la presión intraocular y un glaucoma.
En la barbacoa de propano hay una cabeza de maniquí con una tirita, ya que el propranolol puede utilizarse para tratar las migrañas.
En el segundo escenario están los betabloqueantes de segunda generación etiquetados como beta1. Aquí actúa un escapista, por el esmolol.
Para su número lleva un par de esposas de metal, que recuerdan al metoprolol, e intenta escapar, por el atenolol. A su lado figuran otras dos piezas de atrezzo, un gran alfil, que representa al bisoprolol, y un as de bastos, por el acebutolol.
Su ayudante es un hombre obeso con diabetes y está aquí para recordarle que los betabloqueantes de segunda generación tienen menos probabilidades de causar hipoglucemia en los diabéticos.
Por último, hay un policía enojado en el escenario al que le han quitado las esposas. Está tan molesto que necesita usar su inhalador para el asma.
Así se recordará que los betabloqueantes de segunda generación pueden utilizarse en personas con EPOC y asma, ya que no provocan broncoconstricción.
Entre el primer y el segundo escenario dispongamos algunos trastornos que pueden ser tratados por los dos grupos de medicamentos.
Así, coloquemos un tornado con pajaritas dentro, para representar la tormenta tiroidea. El tramoyista lo observa con nerviosismo, para representar la ansiedad.
En el escenario final, marcado como beta1, beta2 y alfa1, están los betabloqueantes de tercera generación. En este escenario hay una doctora con bata de laboratorio, por el labetalol, que hace un número de ventriloquía con un cadáver, por el carvedilol.
El dueño del club está tratando de eliminar el olor con una manguera que proyecta agua de color rojo, como ayuda para recordar que estos son los únicos betabloqueantes que causan vasodilatación, y pueden usarse para tratar la vasculopatía periférica.
Para recordar las indicaciones específicas del fármaco, supongamos que la científica está embarazada, lo que sirve para recordar que es el fármaco de elección para tratar la hipertensión durante el embarazo.
En la bata de laboratorio, la médica lleva la palabra "ER", para que se recuerde que se puede utilizar durante una crisis hipertensiva.
Para recordar los efectos secundarios, fijémonos en el público que mira a cada escenario. En el primer escenario, tenemos dos mesas etiquetadas como beta1 y beta2.
En la mesa beta1 aparece un corazón congelado, que representa la bradicardia, y un hombre que se levantó demasiado deprisa y se marea, representando la hipotensión.
En la mesa beta2, una jirafa con collarín representa la broncoconstricción, y hay numerosos envoltorios de caramelos vacíos que recuerdan la hipoglucemia.
En el segundo escenario hay solo una mesa beta1, ya que estos medicamentos son selectivos para ese receptor específico. Finalmente, en el tercer escenario hay una mesa beta1 y otra beta2, y una mesa alfa1.
El hombre de esta mesa también se levantó demasiado rápido y se siente mareado. Esto le ayudará a recordar que tanto el bloqueo alfa1 como el beta1 pueden provocar hipotensión.
Y ahora, un resumen rápido: los betabloqueantes se dividen en tres generaciones. La primera generación está formada por los bloqueantes beta1 y beta2 no selectivos, que incluyen el propranolol, el timolol, el nadolol, el sotalol y el pindolol.
La segunda generación está integrada por los betabloqueantes selectivos o cardioselectivos, como el atenolol, el metoprolol, el bisoprolol, el esmolol y el acebutolol.

Review14:33–15:37

Tanto los medicamentos de primera como los de segunda generación se emplean en el tratamiento de la hipertensión, la enfermedad arterial coronaria y los casos de taquicardia grave, como la tormenta tiroidea y la ansiedad.
Lo que los diferencia principalmente son sus efectos secundarios: ambos pueden causar hipotensión, bradicardia, taquicardia de rebote y arritmias, pero solo la primera generación provoca vasoconstricción del músculo esquelético y del cerebro, broncoconstricción, hipoglucemia e hipertrigliceridemia.
Por último, la tercera generación incluye los bloqueantes de los receptores beta1, beta2 y alfa1, como el labetalol y el carvedilol.
Para terminar, se ofrece un mapa mental con toda la mnemotecnia expuesta. Continúe y pause el vídeo mientras comprueba qué es lo que recuerda.
Permanezca atento a las respuestas después de los créditos.

Mind map15:37–15:31

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