Virus de la hepatitis A y de la hepatitis E
Definitions & Key takeaways
Hepatitis viruses A and E are RNA viruses that can cause acute hepatitis, and they are both RNA viruses transmitted via the feco-oral route. However, hepatitis E is not as common as hepatitis A, and usually affects developing countries. Symptoms of both types of hepatitis include fever, nausea, vomiting, diarrhea, and abdominal pain.
Los virus de la hepatitis A y E son dos virus que causan hepatitis aguda. El nombre proviene de la palabra hepat-, que significa hígado, y el sufijo -itis, que sirve para etiquetar una enfermedad inflamatoria, lo que significa que la hepatitis es una inflamación del hígado.
Suelen provocar epidemias de hepatitis, especialmente en niños y adultos jóvenes. Aunque causan la misma enfermedad, los virus de la hepatitis A y E son de familias diferentes.
La hepatitis A es un picornavirus, mientras que la hepatitis E es un hepevirus. Son virus desnudos, formados por una sola hebra de ARN rodeada por una cápside, que es una cubierta proteica esférica.
Se dice que están "desnudos" porque la cápside no está cubierta por una membrana lipídica. Estos virus se transmiten por vía fecal-oral, es decir, se contagian al ingerir partículas de heces de alguien que está enfermo.
Esto suele ocurrir si las heces infectadas acaban en los alimentos, el agua y el marisco, o en las superficies. Por lo tanto, los brotes suelen tener su origen en la misma fuente de alimentos o agua, y también suelen ser frecuentes en las guarderías.
Cuando comemos, la comida viaja a través de la faringe, el esófago, el estómago, el duodeno y los intestinos. En los intestinos se absorben todos los nutrientes, que pasan por el sistema venoso porta hepático, que es un sistema de venas que llevan la sangre desde el bazo, el páncreas y los intestinos hasta el hígado.
Al igual que los nutrientes, la hepatitis A o E llegan al hígado a través del sistema venoso porta hepático.El hígado está formado por unidades funcionales llamadas lobulillos hepáticos.
Las células principales se denominan hepatocitos, y su función principal es utilizar una enorme variedad de enzimas para desintoxicar las sustancias nocivas de nuestra sangre, como las drogas o el alcohol; sintetizar una serie de proteínas importantes, como los factores de coagulación; y convertir el colesterol en sales biliares que, junto con el agua y la bilirrubina, forman la bilis.
La bilis fluye hacia los conductos biliares y finalmente llega a la vesícula biliar, que es un pequeño órgano hueco en forma de pera situado debajo del hígado.
Aquí es donde se almacena la bilis y se concentra más. Otro tipo de células hepáticas son las células de Kupffer, que son macrófagos modificados repartidos por los lóbulos, que destruyen los eritrocitos y los leucocitos viejos, las bacterias y otras sustancias extrañas.En el hígado, el virus de la hepatitis A se une a los receptores de los hepatocitos y las células de Kupffer y entra por endocitosis, que es cuando una partícula, en este caso el virus, es envuelta por la membrana celular y llevada al interior de la célula.
En el interior de la célula, el ARN vírico se desprende de su cubierta proteica. A continuación, se une a los ribosomas del hospedador, que lo traducen en una única poliproteína que se corta en proteínas más pequeñas que se utilizarán para crear la cápside y la ARN polimerasa para hacer más copias del ARN vírico.
Después, las proteínas víricas y el ARN se unen para formar nuevas partículas víricas que salen de la célula por exocitosis, que es como una endocitosis inversa; también pueden salir cuando el sistema inmunitario destruye la célula infectada.
La presencia del virus de la hepatitis A fuera de la célula tiene dos efectos. En primer lugar, tras salir de la célula, las partículas víricas se segregan en la bilis.
Con la bilis, viajan al intestino delgado y salen del cuerpo a través de las heces. En segundo lugar, el sistema inmunitario reacciona llevando al hígado linfocitos T CD4+ y CD8+, y linfocitos citolíticos naturales.
Estas células tienen diferentes funciones. Los linfocitos T CD4+ secretan interferón gamma para limitar la replicación vírica.
Los linfocitos T CD8+, también conocidos como linfocitos T citotóxicos, junto con los linfocitos citolíticos naturales, eliminan los hepatocitos infectados y las células de Kupffer, principalmente induciendo la muerte celular programada, denominada apoptosis.
Esto provoca daños en el hígado. En una biopsia de hígado, el daño hepático se traduce en hepatocitos vacuolados, que están a punto de entrar en apoptosis, cuerpos de Councilman, que son hepatocitos marchitos y moribundos, y en infiltración de monocitos.
Finalmente, el sistema inmunitario segrega anticuerpos contra el virus. En concreto, los linfocitos B crean primero anticuerpos IgM y, después, anticuerpos IgG.
Estos anticuerpos proporcionan una protección de por vida contra la reinfección y se utilizan para diagnosticar la enfermedad.
Una nota rápida: aunque todavía se desconoce el ciclo vital del virus de la hepatitis E, se cree que es similar al de la hepatitis A.Los síntomas de la hepatitis suelen aparecer entre 15 y 50 días después de la infección por el virus de la hepatitis A, y después de unos 40 días en el caso de la hepatitis E.
Los síntomas inespecíficos incluyen fiebre, fatiga, pérdida de apetito, náuseas, vómitos y dolor abdominal. Los síntomas específicos están relacionados con el daño hepático.
Cuando los hepatocitos se destruyen, la bilirrubina con las sales biliares se libera en el torrente sanguíneo, e impregna los tejidos, provocando ictericia, que es una pigmentación amarillenta de la piel, las mucosas y el blanco de los ojos; mientras que las sales biliares en la piel provocan picor.
La bilirrubina de la sangre se filtra en los riñones y va a parar a la orina en lugar de a las heces, haciéndolas oscuras, mientras que las heces se vuelven pálidas.
La enfermedad suele durar de 2 a 4 semanas y la mayoría de las personas infectadas se recuperan completamente. La hepatitis fulminante con insuficiencia hepática, daño cerebral, deterioro de la coagulación e insuficiencia renal es muy rara.
La hepatitis E puede causar en casos aislados una enfermedad crónica en pacientes inmunocomprometidos, especialmente aquellos con trasplantes de órganos, ya que están tomando un tratamiento inmunodepresor de por vida para prevenir el rechazo del trasplante, que también puede interferir con la eliminación del virus.
En las personas embarazadas, las infecciones por hepatitis E conllevan una alta tasa de mortalidad, alrededor del 20% en el caso de la madre, y también pueden causar muerte intrauterina, parto prematuro y mortinato.
El diagnóstico requiere estudios de laboratorio. Las enzimas hepáticas alanina transferasa, o ALT, y aspartato transferasa, o AST, son mucho más altas de lo normal.
El diagnóstico se confirma con la presencia de anticuerpos anti-VHA o anti-VHE de tipo IgM. Los anticuerpos IgM aparecen alrededor de 2-3 semanas después de la entrada del virus en el organismo y permanecen elevados durante unas 6 semanas.
Los anticuerpos IgG aparecen unas dos semanas después de los IgM. El hallazgo de anticuerpos IgG contra el VHA significa que la fase aguda de la enfermedad ha pasado, y también que la persona es ahora inmune a la hepatitis A.
También se encuentra después de la vacunación. Por último, los anticuerpos IgG contra el VHE también persisten durante mucho tiempo, pero no se sabe con certeza si proporcionan inmunidad de por vida contra la hepatitis E.
No existe un tratamiento específico para las hepatitis A y E agudas. Suele seguirse un tratamiento de apoyo, como la reposición de líquidos y electrólitos perdidos, así como medidas dietéticas.
La hepatitis E crónica puede tratarse reduciendo las dosis de medicación inmunodepresora o con medicamentos antivíricos como la ribavirina y el interferón pegilado.
La prevención se lleva a cabo evitando los alimentos o el agua potencialmente contaminados, y con el lavado regular de las manos.
También existe una vacuna inactivada contra la hepatitis A, que se administra en dos dosis y protege contra la hepatitis A hasta 20 años.
Alternativamente, si las personas no vacunadas han estado expuestas a la hepatitis A, puede administrarse una dosis única de vacuna contra la hepatitis A o inmunoglobulina sérica en las 2 semanas siguientes a la exposición para prevenir la enfermedad, pero se prefiere la vacuna, porque induce inmunidad activa.
Y ahora, un resumen rápido: las hepatitis A y E son virus de ARN, transmitidos por vía fecal-oral a través de agua contaminada, alimentos o manos sucias, que suelen causar hepatitis aguda.
Infectan los hepatocitos y las células de Kupffer, y el sistema inmunitario destruye las células infectadas, provocando daños en el hígado.
Los síntomas son fiebre, cansancio, pérdida de apetito, náuseas, vómitos, dolor abdominal, orina oscura y heces pálidas, e ictericia.
La hepatitis E es especialmente peligrosa para las embarazadas. El tratamiento suele ser de apoyo y dietético.
Ambos virus pueden prevenirse evitando los alimentos y el agua potencialmente contaminados y lavándose las manos con regularidad.
La hepatitis A puede prevenirse mediante vacunación o con inmunoglobulina sérica.
Aún no hay notas para este video
Intenta agregar una nota a continuación