Tumores óseos
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Los tumores óseos se forman cuando una célula ósea se divide sin control y forma una masa o tumor.
Si el tumor permanece confinado y no se extiende a los tejidos circundantes, se considera benigno.
Pero si el tumor invade los tejidos circundantes y hace metástasis o se extiende por la sangre o la linfa, entonces se considera maligno.
Los tumores malignos pueden ser primarios, es decir, cuando surgen de las células óseas, o secundarios, si el tumor se desarrolla en otra parte del cuerpo, hace metástasis y se extiende a los huesos.
Las fuentes más comunes de células tumorales que afectan a los huesos, pero que comienzan en otra parte del cuerpo, son la mama, la próstata, los pulmones, la tiroides y los riñones.
Aunque los huesos varían en tamaño y forma, todos están constituidos por los mismos tipos de células; entre ellas destacan los osteoblastos, que construyen hueso nuevo, y los osteoclastos, que ayudan a la descomposición o resorción del hueso.
Además de estas, existen unas células más primitivas en la médula ósea denominadas células madre mesenquimales humanas y células neuroectodérmicas, que se distinguen por su capacidad para diferenciarse en muchos tipos de células, incluidas las nerviosas, las adiposas, las óseas y las cartilaginosas.
En términos anatómicos, si se observa un hueso largo como el fémur, se descubre que tiene dos epífisis o extremos que contribuyen a las articulaciones con otros huesos.
Entre las dos epífisis se encuentra la diáfisis, también llamada eje óseo.
En los niños y adolescentes existe una porción estrecha adicional entre la epífisis y la diáfisis llamada metáfisis.
La metáfisis contiene la placa de crecimiento, la parte del hueso que crece durante la infancia.
En los adultos, el cartílago de crecimiento se ha osificado y fusionado con la diáfisis y la epífisis.
Algunos genes promueven el crecimiento celular normal, y se conocen como protooncogenes.
Con las mutaciones, los protooncogenes se convierten en oncogenes, y estos sobreestimulan el crecimiento celular.
Para equilibrar el crecimiento celular existen otros genes denominados genes supresores de tumores que promueven la apoptosis o muerte celular de las células mutadas.
De este modo, los oncogenes o los genes supresores de tumores mutados permiten que las células sigan creciendo de forma descontrolada, para dar lugar a tumores.
Así pues, los tumores óseos primarios pueden dividirse en los que son más a menudo benignos y los que son más a menudo malignos.
Empecemos por el tumor benigno más común, un osteocondroma que suele afectar a hombres menores de 25 años.
Se cree que el osteocondroma tiene su origen en mutaciones en los genes exostosina 1 o EXT1 y exostosina 2 o EXT2, que codifican las proteínas exostosina 1 y 2.
Estas proteínas ayudan a sintetizar el sulfato de heparina, una proteína que regula el crecimiento de la placa de crecimiento.
Así, en el osteocondroma, el tumor surge del cartílago de crecimiento y suele dar lugar a una proyección ósea lateral.
Este tallo óseo se denomina exostosis, y tiene una cubierta, formada principalmente por cartílago hialino.
Los osteocondromas se desarrollan típicamente en la metáfisis de los huesos largos, generalmente el fémur distal y la tibia proximal, alrededor de la articulación de la rodilla, pero también pueden aparecer en huesos planos como el ilion, uno de los huesos de la cadera, así como en la escápula.
Otro tumor benigno es el tumor óseo de células gigantes, menudo nombre.
Un factor de riesgo para los tumores de células gigantes es sufrir un traumatismo óseo como una fractura o la exposición a radiaciones.
Las células tumorales surgen de las células de los osteoclastos, pero después se convierten en células con numerosos núcleos (normalmente, más de 50), por lo que se puede pensar en ellas como pequeños gigantes destructivos.
El tumor de células gigantes suele iniciarse en la epífisis de los huesos largos, como el fémur distal y la tibia proximal.
En raras ocasiones, este tumor puede volverse maligno, especialmente en personas de edad avanzada.
Otros tumores benignos son los osteoblastomas y los osteomas osteoides, que surgen de los osteoblastos.
Ambos tumores forman clásicamente un nidus o foco, que es una mezcla desorganizada de pequeños vasos sanguíneos, diminutas varillas óseas llamadas trabéculas y tejido óseo no mineralizado denominado osteoide.
En los osteoblastomas, los focos son grandes, con un diámetro de más de 1,5 cm.
En los osteomas osteoides, los focos tienen un diámetro inferior a 1,5 cm y suelen estar rodeados por un anillo de tejido óseo esclerótico.
Ese anillo de tejido esclerótico suele producir prostaglandinas, que son pequeñas moléculas que activan la sensación de dolor.
Los osteoblastomas también suelen afectar a los huesos del esqueleto axial, normalmente la mandíbula, y erosionan el hueso circundante.
En comparación, los osteomas osteoides afectan normalmente a la diáfisis de los huesos largos, como la tibia, y no suelen erosionar el hueso de alrededor.
Ahora, entre los tumores malignos, el más común es el osteosarcoma.
Fuentes
- "Robbins Basic Pathology" Elsevier (2017)
- "Harrison's Principles of Internal Medicine, Twentieth Edition (Vol.1 & Vol.2)" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
- "Pathophysiology of Disease: An Introduction to Clinical Medicine 8E" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
- "CURRENT Medical Diagnosis and Treatment 2020" McGraw-Hill Education / Medical (2019)
- "Normal Bone Anatomy and Physiology" Clinical Journal of the American Society of Nephrology (2008)
- "Osteoid osteoma: diagnosis and treatment" Radiologia Brasileira (2015)
- "Clinical and morphological characteristics of osteoid osteoma and osteoblastoma: a retrospective single-center analysis of 204 patients" Annals of Diagnostic Pathology (2014)
- "Diagnosis and treatment of Ewing sarcoma of the bone: a review article" Journal of Orthopaedic Science (2015)