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Introduction0:00–0:24

La antitrombina III es una proteína anticoagulante fabricada por el hígado. La deficiencia de antitrombina III se produce cuando una mutación genética hace que la antitrombina III sea deficiente o defectuosa.
Esto provoca una formación excesiva de coágulos, que pueden alojarse en pequeños vasos que nutren diferentes órganos y tejidos, provocando accidentes cerebrovasculares.
La deficiencia de antitrombina III se presenta como un trastorno de la hemostasia. La hemostasia es el proceso por el que se detiene el flujo sanguíneo después de que se produzca un daño en un vaso sanguíneo y se produce en dos pasos.

Pathophysiology0:24–2:22

La hemostasia primaria implica la formación de un tapón plaquetario en el lugar de la lesión y la hemostasia secundaria implica la cascada de la coagulación, en la que entran en juego varios factores de coagulación para formar una malla de fibrina sobre el tapón plaquetario para reforzarlo, formando un coágulo de sangre.
La hemostasia puede ser estimulada e inhibida por varios factores. En la primera categoría está la trombina, o factor II, que acelera la hemostasia al aumentar la activación de las plaquetas y escindir varios factores que intervienen en la hemostasia secundaria hasta su forma activa.
Por otro lado, el factor más importante que inhibe la hemostasia es la antitrombina III. La antitrombina III se une al exceso de trombina y al factor X de la hemostasia secundaria, y también inhibe los factores de coagulación VII, IX, XI y XII, que también son protagonistas de la hemostasia secundaria.
La antitrombina ayuda a regular la formación de coágulos, evitando que crezcan demasiado y bloqueen el flujo sanguíneo a los tejidos irrigados por el vaso.
También evita que los coágulos crezcan tanto que pequeñas partes de un coágulo en crecimiento se desprendan en forma de émbolos.
Por último, las propiedades anticoagulantes de la antitrombina III también pueden verse reforzadas por un medicamento anticoagulante llamado heparina, que se une a la antitrombina y aumenta su afinidad por las proteínas a las que se dirige.
Así pues, las dos principales consecuencias de la deficiencia de antitrombina III son el aumento del riesgo de trombosis y la insensibilidad a la heparina.

Causes2:22–3:26

Las deficiencias de antitrombina pueden ser adquiridas o genéticas. Las deficiencias adquiridas son más frecuentes, y son el resultado de una producción alterada de antitrombina III debido a una hepatopatía, o a pérdidas de proteínas como el síndrome nefrótico, o a la coagulación intravascular diseminada o CID.
En el caso de la CID, se forman coágulos por todo el cuerpo a causa de un traumatismo, una sepsis o fármacos, y esto agota los factores procoagulantes y anticoagulantes, por lo que se producen hemorragias graves.
Las causas genéticas se producen a través de un patrón de herencia autosómica dominante y se dividen, a su vez, en enfermedades de tipo I y de tipo II.
En el tipo I hay un defecto cuantitativo, por lo que la persona no produce suficiente antitrombina III. En la enfermedad de tipo II hay un defecto cualitativo en la antitrombina III, de modo que, aunque se produce una cantidad suficiente, la mutación da lugar a una proteína estructuralmente anómala, que no se pliega correctamente y que, por lo tanto, no puede hacer su trabajo correctamente.

Symptoms3:26–3:26

Symptoms3:26–4:07

La mayoría de las personas con deficiencia de antitrombina III presentan una tromboembolia venosa. Lo más habitual es que se forme un coágulo en las venas profundas de la pierna y luego se desplace a otras partes del cuerpo, como el corazón o el cerebro, causando accidentes cerebrovasculares, o los pulmones, provocando una embolia pulmonar.
También pueden producirse coágulos que se forman en las arterias, denominados tromboembolias arteriales, pero son menos frecuentes que los venosos en los pacientes con déficit de antitrombina III.
La insensibilidad a la heparina se observa cuando los pacientes no responden a la heparina que se administra para los coágulos de sangre.

Diagnosis4:07–5:29

La deficiencia de antitrombina III puede sospecharse basándose en los antecedentes familiares de trombosis venosa profunda, o TVP, y en los valores de laboratorio, especialmente el tiempo parcial de tromboplastina, o TPT, antes y después de la administración de heparina.
El TPT refleja el tiempo que tardan los factores de coagulación utilizados en la hemostasia secundaria en activarse y dar lugar a la formación de coágulos.
Normalmente, después de administrar la heparina, se une a la antitrombina III y hace que esta inactive la trombina y el factor X, prolongando el TPT.
Este no cambia con la deficiencia de antitrombina III o no se prolonga tanto como debería tras la administración de heparina.
El diagnóstico puede confirmarse con un análisis funcional de la actividad de la antitrombina en plasma, denominado ensayo del cofactor antitrombina-heparina o ensayo del cofactor AT-heparina.
Durante esta prueba, se mide la capacidad de la heparina para inhibir la trombina o el factor Xa. La deficiencia de antitrombina III se diagnostica cuando su actividad es inferior al 80% del intervalo normal en el ensayo del cofactor AT-heparina.
Las pruebas genéticas para este trastorno todavía se están investigando y no están disponibles de forma rutinaria. El tratamiento es necesario cuando se produce un coágulo, y el tratamiento anticoagulante puede realizarse con un inhibidor directo de la trombina, como el argatrobán, o un inhibidor directo del factor Xa, como el rivaroxabán.

Treatment5:29–6:47

La anticoagulación profiláctica con warfarina o los medicamentos mencionados anteriormente puede utilizarse en entornos de alto riesgo, como durante la cirugía.
Para la profilaxis secundaria, es decir, la prevención de la recurrencia de la trombosis venosa profunda, se puede utilizar warfarina o heparina de bajo peso molecular, y se prefiere esta última durante el embarazo.
Aunque la heparina, o su homóloga de bajo peso molecular, no es tan eficaz como otros fármacos anticoagulantes utilizados con la deficiencia de antitrombina III, es la única que no atraviesa la placenta, por lo que no tiene efectos negativos en el feto, por lo que que se administra con la esperanza de que pueda prolongar el TPT lo suficiente como para tener un efecto anticoagulante.
Por otra parte, la warfarina está contraindicada durante el embarazo, porque puede atravesar la placenta y causar malformaciones congénitas en el feto o incluso la muerte.
Además, muchas de estas personas se benefician de la sustitución de la antitrombina III, ya sea a través de la antitrombina III recombinante o de transfusiones de plasma, y está indicada para los pacientes con deficiencia de antitrombina III que no puede controlarse con anticoagulantes orales.Y ahora, un resumen rápido: la deficiencia de antitrombina III se refiere a un trastorno de la coagulación en el que esta proteína se vuelve deficiente o defectuosa debido a mutaciones genéticas, o puede ser adquirida.

Review6:47–7:28

La presentación más frecuente es el desarrollo de una tromboembolia venosa. El tratamiento implica el uso de un inhibidor directo de la trombina o de inhibidores directos del factor Xa.
El tratamiento profiláctico es útil durante el embarazo o la cirugía.