Enfermedad arterial periférica: revisión de la patología
10,833visualizaciones
Enfermedad arterial periférica: revisión de la patología
Watch later
Watch later
Transcripción
Revisores de contenido
Colaboradores/as
Tariq es un hombre de 52 años que acude a la clínica quejándose de dolor en la pierna izquierda.
Describe el dolor como un "calambre" localizado principalmente en la pantorrilla.
También menciona que el dolor aparece cada vez que camina desde su casa hasta el supermercado, y se alivia cuando descansa.
Tariq tiene antecedentes conocidos de hipertensión, diabetes mellitus y un infarto de miocardio hace dos años.
En la exploración física se aprecia una notable disminución del crecimiento del pelo en el lado izquierdo en comparación con el derecho, y la piel parece seca y brillante.
No hay hinchazón en las piernas ni dolor de espalda.
La arteriopatía periférica es una perfusión tisular insuficiente debida al estrechamiento u oclusión de la aorta o de una de sus ramas periféricas que irrigan las extremidades.
Al igual que en el caso de las arteriopatías coronarias y cerebrovasculares, el desarrollo de una placa ateroesclerótica que estrecha u ocluye completamente una arteria es la causa principal de la arteriopatía periférica, por lo que estas enfermedades suelen coexistir.
Por lo tanto, en el examen, una pista importante puede ser una persona con antecedentes médicos de un infarto de miocardio o un accidente cerebrovascular.
Además, deben buscarse factores de riesgo de ateroesclerosis, como hipertensión, diabetes mellitus, tabaquismo e hiperlipidemia.
Los síntomas de la arteriopatía periférica dependen de la gravedad de la oclusión.
En las primeras fases de la enfermedad, las personas pueden ser completamente asintomáticas.
Uno de los primeros síntomas es la claudicación intermitente.
Se caracteriza por un dolor tipo calambre en la zona afectada que se produce durante el ejercicio y se alivia con el descanso.
Las personas afectadas suelen describir una distancia específica y a menudo constante que provoca el dolor como, por ejemplo, caminar dos manzanas.
La localización del dolor también puede ayudar a dar una pista sobre la arteria ocluida.
Por ejemplo, la claudicación de la cadera indica una oclusión de la arteria aórtica o ilíaca, mientras que en la pantorrilla apunta a una oclusión de la arteria femoral o poplítea.
Además de la claudicación, la isquemia crónica de las extremidades puede producir algunos cambios físicos.
Esto incluye una disminución de la temperatura de la piel, en la llamada poiquilotermia.
Además, el crecimiento del cabello y de las uñas disminuye, y se puede perder la sensibilidad.
En la exploración física, el pulso distal a la obstrucción es débil y se aprecia una disminución del relleno capilar en la zona afectada.
A medida que el estrechamiento arterial empeora, los afectados empiezan a quejarse de dolor en reposo.
Clásicamente, este dolor empeora por la noche mientras la persona está durmiendo, y mejora cuando se pone de pie o cuelga la pierna fuera de la cama, debido al efecto de la gravedad en el flujo sanguíneo.
Finalmente, el tejido periférico muere, lo que se manifiesta en forma de gangrena y úlceras.
La manifestación final es la isquemia crítica de las extremidades, que incluye dolor en reposo y pérdida de tejido en forma de gangrenas y úlceras.
La isquemia crítica de las extremidades pone en peligro las extremidades si no se realiza una intervención quirúrgica.
Para el diagnóstico, cuando hay sospecha de arteriopatía periférica, se realiza una prueba del índice tobillo-brazo, o ITB.
El ITB es la relación entre la presión arterial sistólica del tobillo y la presión arterial sistólica braquial.
Normalmente, ambas presiones deben ser iguales, por lo que el cociente entre ellas ha de ser 1.
En las personas con claudicación intermitente, el ITB suele situarse entre 0,4 y 0,9, ya que la presión sanguínea en el tobillo es baja.
En la arteriopatía periférica grave, normalmente cuando la persona comienza a desarrollar dolor en reposo, el ITB es inferior a 0,4.
Después de realizar el ITB, el diagnóstico se confirma con estudios de imagen, como la ecografía o la angiografía por TC.
Para el tratamiento, los cambios en el estilo de vida, como los programas de ejercicio y la dieta, son los primeros pasos.
En cuanto a la medicación, el cilostazol, un inhibidor de la fosfodiesterasa, puede dilatar directamente las arterias, aliviando los síntomas.
Además, es un antiplaquetario que puede prevenir la agregación de plaquetas y disminuir el riesgo de trombosis.
Incluso en ausencia de cilostazol, los afectados deben tomar un medicamento antiplaquetario como el ácido acetilsalicílico para prevenir la arteriopatía coronaria y el accidente cerebrovascular.
Fuentes
- "Pathophysiology of Heart Disease" Wolters Kluwer Health (2015)
- "Lifestyle and Dietary Risk Factors for Peripheral Artery Disease" Circulation Journal (2014)
- "Harrison's Principles of Internal Medicine, Twentieth Edition (Vol.1 & Vol.2)" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
- "Rapid Review Pathology" Elsevier (2018)
- "Medical treatment of peripheral arterial disease" JAMA (2006)
- "2016 AHA/ACC Guideline on the Management of Patients With Lower Extremity Peripheral Artery Disease: Executive Summary" Journal of the American College of Cardiology (2017)
- "Cilostazol for intermittent claudication" Cochrane Database Syst Rev (2014)