El citomegalovirus, o CMV, es un virus ADN bicatenárico con envoltura que pertenece a la familia herpesviridae. Es uno de los virus que con más frecuencia causa infecciones graves en personas sometidas a trasplantes de médula ósea u órganos sólidos, como el hígado o el riñón.
Puede afectar a casi todos los órganos del cuerpo y provocar encefalitis, retinitis, neumonía, hepatitis, gastroenteritis y, por supuesto, rechazo del trasplante.En el periodo posterior al trasplante, el receptor suele recibir medicación inmunodepresora para evitar que su sistema inmunitario reconozca el tejido trasplantado como extraño y provoque rechazo.
Sin embargo, uno de los principales inconvenientes de este enfoque es que el sistema inmunitario debilitado es incapaz de proteger al organismo contra agentes patógenos como el CMV.El CMV puede transmitirse a través de la sangre y otros fluidos corporales, como la saliva, las secreciones genitales y la orina de una persona infectada; o del propio órgano trasplantado.Durante la infección primaria, el virus suele invadir las células epiteliales, como las que componen la mucosa oral, gastrointestinal o urinaria, y comienza a multiplicarse.
El CMV daña las células infectadas al romper los citoesqueletos que mantienen la estructura celular. El resultado son células agrandadas con cuerpos de inclusión vírica intranucleares, que le dan el típico aspecto de ojo de búho.El CMV también infecta a los monocitos de la sangre y establece una infección latente, lo que significa que el virus permanece inactivo durante largos periodos de tiempo.
El virus inactivo puede reactivarse en momentos en que el sistema inmunitario se debilita, causando la enfermedad.En la mayoría de los casos, la infección primaria se produce años antes del trasplante, con la consiguiente reactivación del virus durante el tratamiento inmunodepresor.
En aproximadamente el 25% de los trasplantes se produce una infección primaria que suele ser mucho más grave que la reactivación.En ambos casos, el virus puede propagarse por todo el cuerpo y dañar diversos órganos.
El órgano trasplantado casi siempre se ve afectado. Esto se debe a que las células infectadas por el virus atraen a un ejército de células inmunitarias al lugar, que en el proceso de eliminación del virus también reconocen las células extrañas trasplantadas y pueden atacarlas, causando daños colaterales.Si se propaga al hígado, puede causar hepatitis vírica, que es la inflamación del hígado.
Si el virus se desplaza al sistema respiratorio inferior, puede causar neumonía. También puede afectar a las células epiteliales del tracto gastrointestinal, en particular las del esófago y el intestino grueso, causando gastroenteritis.
En raras ocasiones, el CMV también puede afectar a la retina, causando retinitis, y al cerebro, causando encefalitis.Los síntomas suelen comenzar entre 1 y 4 meses después del trasplante del órgano en ausencia de profilaxis antivírica.
En el contexto de la profilaxis, la aparición, cuando se produce, suele tener lugar en los 6 meses siguientes a la interrupción de la profilaxis.
Dependiendo del órgano trasplantado, los síntomas, cuando aparecen, suelen ir acompañados de fiebre y malestar general. La neumonía puede causar síntomas de tos y dificultad para respirar.
Los síntomas gastrointestinales incluyen dolor y dificultad al tragar, dolor abdominal, náuseas, vómitos y diarrea. Además, la hepatitis puede causar ictericia.
La retinitis se presenta con visión borrosa, manchas oscuras en el campo visual denominadas escotomas, o incluso ceguera total.
La encefalitis se presenta con síntomas como alteración del estado mental, convulsiones y debilidad.El diagnóstico de las infecciones por CMV implica el aislamiento del virus a partir de tejidos y fluidos corporales; la reacción en cadena de la polimerasa, o PCR, para detectar el ADN vírico, y pruebas serológicas, como los ensayos de inmunofluorescencia para detectar anticuerpos específicos del CMV en la sangre.
El aumento del título de CMV-IgM puede indicar una infección aguda, y el aumento del título de CMV-IgG indica una infección pasada.
Los estudios específicos de ADN son más sensibles y específicos que los estudios de anticuerpos.Por el momento, no existe cura para las infecciones por CMV, pero pueden tratarse con la ayuda de medicamentos antivirales, como ganciclovir, valganciclovir y foscarnet.
También puede administrarse CMV IVIG, o inmunoglobulina intravenosa, que contiene anticuerpos anticitomegalovirus, para ayudar a reforzar la respuesta inmunitaria.
En los pacientes de alto riesgo, como los que tienen antecedentes de infección por CMV, se puede administrar una terapia antivírica profiláctica después del trasplante para prevenir la reactivación.Y ahora, un resumen rápido: el citomegalovirus, o CMV, es uno de los virus que con más frecuencia causa infecciones graves en los receptores de trasplantes que reciben medicación inmunodepresora.
Puede afectar a casi todos los órganos del cuerpo y provocar encefalitis, retinitis, neumonía, hepatitis, gastroenteritis y rechazo del trasplante.
Los síntomas varían en función del órgano afectado. El CMV se diagnostica mediante PCR y pruebas serológicas de tejidos y fluidos corporales, y se trata con medicamentos antivirales, como ganciclovir, valganciclovir y foscarnet, y CMV IVIG.