Aborto espontáneo
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Aborto espontáneo
Aparato reproductor y mama
Trastornos de la pubertad, los cromosomas sexuales y las hormonas sexuales
Aparato reproductor y mama femenino y transgénero
Aparato reproductor masculino y transgénero
Embarazo, parto y puerperio
Revisión del aparato reproductor y de la patología mamaria
Transcripción
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Un aborto espontáneo se define como una pérdida del embarazo que se produce sin intervención externa antes de la semana 20 de gestación.
El embarazo es tan complejo que hay muchas maneras de que el proceso se altere y se produzca un aborto.
Por ejemplo, si hay una anomalía cromosómica en el espermatozoide o el óvulo, el cigoto resultante tendrá un problema.
Uno de estos problemas se denomina aneuploidía, que es cuando faltan cromosomas o hay cromosomas adicionales.
Por ejemplo, si falta un miembro de un par de cromosomas, lo que da lugar a un total de 45 cromosomas, en lugar de los 46 normales, se denomina monosomía.
Y si hay un cromosoma de más que se une a un par, el resultado es un total de 47 cromosomas, y se llama trisomía.
Algunos tipos de aneuploidía son viables, como el síndrome de Turner o el síndrome de Down, mientras que muchos no lo son y provocan un aborto.
Otra anomalía es la poliploidía, que se produce cuando un cigoto recibe más de un juego de 23 cromosomas del espermatozoide o del óvulo, lo que da lugar a tres juegos, con un total de 69 cromosomas, o incluso cuatro juegos, con un total de 92 cromosomas.
Generalmente, la poliploidía no es viable y conduce al aborto.
Otra anomalía es la translocación.
Puede ser equilibrada, en la que dos cromosomas no homólogos intercambian cantidades iguales de ADN, o desequilibrada, en la que los cromosomas intercambian cantidades desiguales de ADN, lo que da lugar a demasiadas o pocas copias de ciertos genes en los cromosomas implicados.
Aunque uno de los progenitores sea portador de una translocación equilibrada, el esperma o el óvulo pueden terminar con una translocación desequilibrada, y el cigoto no tendrá un número normal de genes.
Algunas translocaciones son viables, mientras que muchas no lo son y pueden provocar un aborto.
Aunque haya un número normal de cromosomas y el cigoto se convierta en un blastocisto e intente implantarse, sigue habiendo muchas formas de que se produzca un aborto.
En primer lugar, si el blastocisto no consigue implantarse en el revestimiento endometrial del útero, no tendrá irrigación sanguínea y dejará de crecer y se reabsorberá.
En segundo lugar, si el blastocisto se implanta en un tejido distinto del revestimiento endometrial del útero, como la trompa de Falopio, se denomina embarazo ectópico.
En la mayoría de los casos, los embarazos ectópicos no tienen el espacio ni la irrigación sanguínea necesarios para mantener un embarazo en desarrollo.
Como resultado, el blastocisto deja de crecer y se reabsorbe.
Si el blastocisto se implanta en el endometrio y continúa su desarrollo, depende del cuerpo lúteo que el embarazo se mantenga.
Y una hipótesis es que puede producirse un aborto si el cuerpo lúteo no secreta suficiente progesterona.
A medida que el embarazo continúa y la placenta se desarrolla, el feto comienza a depender de la placenta para mantener el embarazo.
Si la placenta es incapaz de secretar concentraciones suficientes de hormonas o de proporcionar al feto una irrigación sanguínea suficiente en algún momento, el feto puede dejar de crecer y se puede producir un aborto.
Durante el período embrionario, que se sitúa entre la tercera y la octava semana de embarazo, el feto es especialmente vulnerable a los daños provocados por los teratógenos, es decir, cualquier cosa que altere el desarrollo normal, lo que puede provocar una anomalía congénita o la muerte del feto.
La lista de teratógenos del entorno es larga, y comprende fármacos como la isotretinoína, el alcohol, drogas recreativas como la cocaína, el humo del tabaco y metales pesados como el mercurio.
Los órganos vitales como el corazón y el cerebro se desarrollan rápidamente durante el período embrionario y los teratógenos pueden provocarles graves anomalías.
Entre las semanas 10 y 14 del embarazo, se puede hacer una muestra de vellosidades coriónicas para evaluar el crecimiento del feto.
Se utiliza una aguja o un catéter para tomar una pequeña muestra de la placenta, de modo que se pueda hacer un análisis genético de las células fetales de la placenta.
Alrededor de la semana 15, se puede hacer la amniocentesis en lugar de la muestra de vellosidades coriónicas.
Consiste en introducir una aguja en el líquido amniótico para extraer algunas células fetales.
Estas intervenciones suelen tolerarse bien, pero ambas tienen un pequeño riesgo de causar un traumatismo y de introducir una infección, y ambos podrían provocar un aborto.
Otras causas traumáticas de aborto son los accidentes de tráfico y las caídas accidentales.
A medida que el feto crece a lo largo del embarazo, las anomalías uterinas también pueden convertirse en un problema.
Por ejemplo, si hay un útero tabicado, es decir, si hay un tabique o un fino colgajo de tejido dentro de la cavidad uterina, o si hay un leiomioma submucoso, también llamado fibroma submucoso, disminuye la cantidad de espacio disponible para el feto en crecimiento.
Y esto puede causar un aborto espontáneo.
Fuentes
- "Robbins Basic Pathology" Elsevier (2017)
- "Harrison's Principles of Internal Medicine" McGraw Hill Education/ Medical (2018)
- "Pathophysiology of Disease: An Introduction to Clinical Medicine 8E" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
- "CURRENT Medical Diagnosis and Treatment 2020" McGraw-Hill Education / Medical (2019)
- "Diagnosing ectopic pregnancy and current concepts in the management of pregnancy of unknown location" Human Reproduction Update (2013)
- "Ectopic pregnancy" The Lancet (2005)
- "Chlamydia trachomatis and ectopic pregnancy: recent epidemiological findings" Current Opinion in Infectious Diseases (2008)