Todos conocemos la experiencia de conducir con el "piloto automático". En un momento, subimos al coche, y al siguiente, llegamos a nuestro destino, pero no recordamos los detalles del viaje.
Este es un ejemplo de disociación normal y corriente, un término que describe un estado mental de desconexión de lo que ocurre a nuestro alrededor.
Normalmente, este estado de ensoñación no dura mucho tiempo y la mayoría de las personas pueden salir de él si algo o alguien requiere su atención.
Pero, para otras, la disociación es más generalizada y no se puede desactivar tan fácilmente. De hecho, esta sensación de "desconexión" puede llegar a ser tan intensa, y producirse con tanta frecuencia, que impide a la persona funcionar en su vida cotidiana.
Cuando este es el caso, decimos que la persona tiene un trastorno disociativo. Los trastornos disociativos son un grupo de trastornos que deterioran la conciencia de sus propias acciones, pensamientos, sensaciones físicas e incluso de su identidad, que es el sentido de quién eres.
Los trastornos disociativos tienden a tener su origen en un trauma (normalmente abusos o abandono en la primera infancia), y se cree que son una forma de adaptarse a sentimientos y experiencias negativas.
Los trastornos disociativos se dividen en tres tipos principales: trastorno de despersonalización/desrealización, amnesia disociativa y trastorno de identidad disociativa.
Cada uno de estos trastornos sigue un espectro de gravedad, y el trastorno de despersonalización/realización es el menos grave de ellos, la amnesia disociativa se sitúa en algún punto intermedio y el trastorno de identidad disociativo es el más grave.
Normalmente, las personas con trastornos disociativos más graves también pueden tener elementos de otros menos graves. La despersonalización se refiere a un sentimiento de desapego de uno mismo, de su propia persona, mientras que la desrealización se refiere a un sentimiento de que el mundo que le rodea no es del todo real.
Las personas que padecen el trastorno a menudo se sienten como si se vieran a sí mismas desde fuera, quizás viendo una película sobre su vida.
Pueden sentirse emocional o físicamente insensibles, o tener una autoestima débil. Las personas con trastorno de despersonalización/desrealización hablan de manera inexpresiva, con poca emoción, y tienen problemas para establecer relaciones.
En casos graves, pueden tener problemas para reconocer lugares, personas u objetos familiares, lo que dificulta el aprendizaje de tareas.
Otros síntomas son la alteración de la noción del tiempo, en la que las cosas parecen ir demasiado deprisa o demasiado despacio, la niebla cerebral u obnubilación, y la propensión a la rumiación psíquica y la ansiedad.En la amnesia disociativa, la persona bloquea u olvida información personal importante que la mayoría de la gente recordaría durante toda su vida, como dónde vivía de niño o cómo era su madre.
La amnesia disociativa se clasifica en cuatro tipos: localizada, generalizada, sistematizada y continua. La mayoría de las personas con amnesia disociativa tienen amnesia localizada, lo que significa que tienen problemas para recordar un acontecimiento traumático.
A veces, la pérdida de memoria es más amplia e incluye los meses o años que rodean al suceso. La amnesia generalizada se define cuando una persona no puede recordar nada de su pasado, ni siquiera las partes no traumáticas.
El inicio de la amnesia generalizada puede ser repentino, inducido por el estrés, y puede ir acompañado de una fuga disociativa, que significa un periodo temporal de desorientación y deambulación o viaje.
En un estado de reacción disociativa, la persona puede estar confundida sobre quién es, o puede creer que es otra persona.
También puede perder temporalmente habilidades muy arraigadas. Por ejemplo, un ingeniero informático puede olvidar cómo utilizar un ordenador portátil.
En la amnesia sistematizada, una persona solo olvida una categoría de información que está asociada, de alguna manera, a un trauma, como olvidar todo lo relacionado con una determinada persona o un lugar específico, aunque haya sido una parte importante de su vida.
Por último, la amnesia continua se produce cuando una persona olvida cada nuevo acontecimiento después de que se produzca y no retiene nada más que el momento presente, como el pez Dory en la película Buscando a Nemo.
La amnesia continua no siempre se relaciona con un trauma psicológico. El tercer tipo de trastorno disociativo es el trastorno de identidad disociativo, que antes se denominaba trastorno de personalidad múltiple.
El trastorno de identidad disociativo puede dividirse en dos tipos: el trastorno de identidad disociativo encubierto y el trastorno de identidad disociativo manifiesto.
El tipo más frecuente, el trastorno de identidad disociativo encubierto, se produce cuando una persona experimenta cambios repentinos y drásticos en su forma de percibir, pensar o sentir, como si hubiera adoptado características de una persona o personas diferentes.
Algunas personas encubiertas pueden oír la voz de esa persona y sentir que les habla. Quienes padecen un trastorno de identidad disociativo encubierto suelen ser conscientes de que su experiencia es inusual, y pueden sentirse desorientados e impotentes para comprender sus estados de ánimo y su comportamiento.
Por otro lado, quienes padecen un trastorno de identidad disociativo manifiesto asumen abiertamente dos o más identidades distintas, a veces denominadas personalidades o alters.
Las identidades son distintas, porque tienden a hablar y actuar de forma diferente a la persona original. Pueden tener gustos u opiniones políticas opuestas, y ser de edades, sexos o nacionalidades diferentes.
Estas identidades alternativas se apoderan completamente del cuerpo y la mente de la persona, suprimiendo temporalmente todas las demás identidades.
Los que padecen un trastorno de identidad disociativo manifiesto no son conscientes de que esto está ocurriendo y afirman que olvidan partes enteras de su día.
Pueden encontrar alimentos que no recuerdan haber comprado, o descubrir lesiones en su cuerpo que no recuerdan haber recibido, y no es raro que algunos tengan un período de fuga y se encuentren de repente en un pueblo o ciudad diferente.
Tener un trastorno de identidad disociativo manifiesto puede poner en peligro a la persona, especialmente si una identidad se automutila o tiene un comportamiento arriesgado.
La prevalencia del suicidio entre las personas que padecen la enfermedad es muy alta, ya que casi tres cuartas partes intentan suicidarse al menos una vez en su vida.
El diagnóstico de los trastornos disociativos es complicado, y algunos de los síntomas pueden observarse en una intoxicación por sustancias, especialmente de alucinógenos como el LSD, y drogas disociativas como el PCP o la ketamina.
Otras causas son las convulsiones, los traumatismos craneales y enfermedades crónicas como la demencia. Las afecciones psiquiátricas, como un trastorno de ansiedad, también pueden causar sentidos alterados de identidad, el tiempo y las sensaciones, especialmente durante las crisis de angustia, pero estos síntomas suelen durar entre minutos y horas.
En los trastornos disociativos, los síntomas pueden persistir durante años. Por último, el trastorno bipolar y la esquizofrenia también pueden provocar cambios drásticos de humor que imitan al trastorno de identidad disociativo, pero mientras que estos estados de ánimo depresivos o eufóricos pueden durar al menos una semana, el cambio de personalidad en el trastorno de identidad disociativo solo dura de minutos a horas cada vez.
El tratamiento de los trastornos disociativos suele incluir psicoterapia para que las personas puedan procesar su trauma de forma segura y aprender estrategias de afrontamiento adaptativas.
En el caso del trastorno de identidad disociativo, la psicoterapia puede centrarse en dos aspectos: mejorar la comunicación entre los estados de la personalidad de una persona para que trabajen juntos como un equipo, o facilitar la fusión de identidades, en la que dos o más estados de la personalidad de una persona se funden en una sola conciencia, conservando al mismo tiempo toda la gama de experiencias de cada parte.Y ahora, un resumen rápido: los trastornos disociativos suelen desarrollarse como un intento de adaptación a un trauma grave o prolongado.
El trastorno de despersonalización/desrealización, que se sitúa en el extremo menos grave del espectro, se debe a una alteración de la percepción normal de los acontecimientos.
La amnesia disociativa, que se sitúa en el centro del espectro, se debe a una alteración de la memoria. Situado en el extremo más grave del espectro, el trastorno de identidad disociativo se caracteriza por la presencia de al menos dos estados de personalidad distintos.