Trastorno depresivo mayor

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La depresión clínica, que a veces se denomina trastorno depresivo mayor o depresión unipolar, es un trastorno mental grave que se caracteriza por una tristeza persistente y una pérdida de interés en las actividades de la vida cotidiana, como trabajar, estudiar, participar en aficiones, comer y dormir.

La depresión clínica tiene una incidencia a lo largo de la vida de hasta el 20% en las mujeres y el 12% en los hombres, por lo que es una de las razones más comunes por las que las personas acuden a los servicios de salud mental.

Además de ser relativamente común, la depresión clínica es muy grave porque esencialmente conduce a una sensación general de que la vida no es agradable.

No sabemos exactamente qué causa específicamente la depresión clínica, pero probablemente sea el resultado de una combinación de factores genéticos, biológicos, ambientales y psicológicos.

Se ha demostrado que las personas con familiares que padecen depresión tienen tres veces más probabilidades de padecerla ellas mismas, sobre todo si los afectados son parientes cercanos.

Los medicamentos que abordan los factores biológicos de la depresión se centran específicamente en los neurotransmisores.

Los neurotransmisores son moléculas de señalización en el cerebro que son liberadas por una neurona y recibidas por los receptores de otra neurona.

A través de este proceso, se transmite un mensaje de una neurona a la siguiente.

Se cree que la capacidad del organismo para regular la cantidad de estos neurotransmisores que se envían entre las neuronas en un momento dado desempeña un papel importante en el desarrollo de los síntomas de la depresión.

Esto se debe a que los neurotransmisores intervienen probablemente en la regulación de muchas funciones cerebrales, como el estado de ánimo, la atención, el sueño, el apetito y la cognición.

Los tres principales neurotransmisores en los que se centra el tratamiento de la depresión son la serotonina, la noradrenalina y la dopamina.

Esto se debe a que los medicamentos que aumentan la cantidad de estos neurotransmisores en la hendidura sináptica, un espacio entre las neuronas, han demostrado ser antidepresivos eficaces.

Este hallazgo llevó a los investigadores a desarrollar la teoría de la deficiencia de monoaminas, que sostiene que la base subyacente de la depresión son los bajos valores de serotonina, noradrenalina o dopamina, que se llaman monoaminas porque tienen un grupo amino.

Además, se cree que cada uno de estos neurotransmisores puede afectar a un determinado conjunto de síntomas de la depresión: la noradrenalina puede afectar a la ansiedad o la atención; la serotonina, a las obsesiones y compulsiones, y la dopamina, a la atención, la motivación y el placer.

Por lo tanto, si los valores de uno de estos neurotransmisores están bajos, una persona podría experimentar un conjunto específico de síntomas.

Se cree que la serotonina, en particular, es un actor importante en la depresión por su posible capacidad de regular otros sistemas de neurotransmisores; sin embargo, las pruebas que apoyan esta teoría son todavía bastante limitadas.

Con todo, se manejan evidencias contundentes que implican a la serotonina en la depresión, en un proceso relacionado con el agotamiento del triptófano.

El triptófano es un aminoácido que el organismo utiliza para producir serotonina, y se ha demostrado que el agotamiento del triptófano provoca síntomas de depresión.

Sin embargo, en general no se conocen bien las razones por las que las personas deprimidas tienen valores reducidos de serotonina (o no tienen serotonina en absoluto), por lo que la investigación sigue en curso.

La investigación sobre las causas de la depresión estudia la relación entre estos componentes biológicos, la genética y los factores ambientales, que pueden ser acontecimientos concretos, como una muerte o una pérdida, o traumas continuos, como los abusos sexuales y físicos.

La depresión se diagnostica cuando una persona cumple ciertos criterios que se recogen en la quinta edición del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, también conocido como DSM-5.

En primer lugar, una persona debe estar afectada por al menos cinco de los siguientes nueve síntomas durante la mayor parte del día, casi todos los días: estado de ánimo deprimido; disminución del interés o del placer en las actividades; pérdida o aumento de peso significativo; incapacidad para dormir o dormir en exceso; agitación psicomotriz, como el paso de un lado a otro o el giro de manos, o el deterioro psicomotor, que es la ralentización general del pensamiento y los movimientos; fatiga; sentimientos de inutilidad o culpa; disminución de la capacidad de pensar o concentrarse, y, por último, pensamientos recurrentes de muerte, lo que se denomina tendencias suicidas.

Esto puede incluir pensamientos suicidas, con o sin un plan específico, así como intentos de suicidio.

Estos síntomas deben causar un malestar significativo en la vida diaria de la persona.

Además, un episodio depresivo no puede deberse a una sustancia u otra afección médica, los síntomas de la persona no pueden explicarse mejor por otro trastorno mental, como el esquizoafectivo, y el paciente no puede haber tenido un episodio maníaco o hipomaníaco en ningún momento.

A veces, la depresión puede dividirse en subtipos.

Por ejemplo, la depresión posparto se refiere a la que se produce después de dar a luz.

Sin embargo, dado que los estudios han demostrado que en muchos casos los síntomas pueden aparecer antes del parto, esta afección se diagnostica actualmente como trastorno depresivo de inicio periparto.

Esto significa que la aparición se produce durante el embarazo o en las cuatro semanas siguientes al parto.