Consumo abusivo de drogas, intoxicación y abstinencia: estimulantes, revisión de la patología
Consumo abusivo de drogas, intoxicación y abstinencia: estimulantes, revisión de la patología
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En mitad de la noche, una mujer de 25 años, llamada Sylvie, acude al servicio de urgencias quejándose de un dolor torácico retroesternal que comenzó hace un par de horas.
Esa misma noche estuvo en una fiesta, donde ella y sus amigos consumieron alcohol.
Tras una nueva conversación, Sylvie revela que también ha consumido una droga ilegal.
Por lo demás, está sana, no tiene antecedentes de cardiopatía y no toma ningún medicamento.
En la exploración física, Sylvie está sudando profusamente.
Además, sus pupilas se encuentran dilatadas y el tabique nasal está atrófico.
Las constantes vitales revelan una temperatura de 37,7 grados Celsius, una frecuencia cardíaca de 110 latidos por minuto y una presión arterial de 160 sobre 90 milímetros de mercurio.
Unos días más tarde, tiene consulta con un hombre de 36 años, llamado Hunter, que acude por cefaleas recurrentes asociadas a problemas de concentración e irritabilidad.
Hunter añade que siente que no puede dejar de comer y, como consecuencia, ha engordado unos 3 kilogramos en las últimas dos semanas.
Cuando se le pregunta por sus hábitos, Hunter admite que ha fumado dos paquetes de cigarrillos diarios durante los últimos 10 años, pero que dejó el tabaco hace unas dos semanas.
Basándose en la presentación inicial, tanto Sylvie como Hunter parecen tener alguna forma de intoxicación por estimulantes o abstinencia.
Los estimulantes son un grupo de sustancias que, cuando se consumen, suelen provocar un aumento de la actividad en el cuerpo y el cerebro.
Los estimulantes incluyen sustancias legales como la cafeína, la nicotina y algunas anfetaminas que pueden recetarse para un tratamiento médico; así como sustancias ilegales, como la cocaína y otras anfetaminas como el MDMA.
Para los exámenes, recuerde que la ingesta excesiva de estimulantes puede dar lugar a una intoxicación por estimulantes, con capacidad de causar varios síntomas no específicos, como estar más despierto, alerta y con energía, tener un estado de ánimo elevado y presentar una disminución del apetito.
Sin embargo, también vienen acompañados de algunos síntomas indeseables como ansiedad, agitación psicomotriz o desasosiego, comportamiento agresivo e insomnio.
Además, los estimulantes pueden tener efectos físicos como diaforesis o sudoración excesiva, taquicardia o aumento de la frecuencia cardíaca, arritmias cardíacas, hipertensión o elevación de la presión arterial y midriasis o dilatación pupilar.
Con el tiempo, las personas que consumen regularmente estimulantes pueden desarrollar tolerancia, que es la necesidad de aumentar las dosis para conseguir el mismo efecto, así como dependencia, que es cuando el cuerpo se adapta a esa sustancia y la necesita para funcionar normalmente.
En consecuencia, las personas que dejan de consumirla pueden experimentar síntomas de abstinencia inespecíficos, a veces conocidos como síndrome de "colapso" o "lavado", que pueden incluir depresión, aumento del apetito, retraso psicomotor o ralentización del pensamiento, las reacciones emocionales y los movimientos de la persona, así como trastornos del sueño como hipersomnia o somnolencia excesiva, y miosis o constricción pupilar.
Es preciso tener en cuenta que, además de estos síntomas inespecíficos, la intoxicación o la abstinencia de cada estimulante pueden provocar su propio conjunto de síntomas específicos que se deben reconocer.
Empecemos por uno de los estimulantes más utilizados, la cafeína.
La cafeína está presente en casi todas partes: en el café, por supuesto, pero también en el té, las bebidas energéticas con cafeína, los refrescos e incluso el chocolate.
Este estimulante actúa mediante un bloqueo de los receptores de adenosina.
Normalmente, la adenosina tiene numerosos efectos en el sistema nervioso, como la disminución de la actividad neuronal para provocar somnolencia.
La adenosina también puede unirse a receptores fuera del sistema nervioso, por ejemplo en el corazón, donde provoca una disminución de la frecuencia cardíaca, y en los riñones, donde disminuye la producción de orina.
Cuando la cafeína se consume en dosis moderadas, puede tener una gran variedad de efectos, como la mejora del rendimiento cognitivo, la concentración, el estado de alerta, la energía y el estado de ánimo.
Sin embargo, es importante recordar que el consumo excesivo de cafeína puede provocar palpitaciones, temblores, inquietud y agitación, y causar insomnio.
Además, la cafeína tiene un efecto laxante que estimula el movimiento intestinal, por lo que su consumo excesivo puede provocar trastornos digestivos como la diarrea.
Por último, la cafeína también actúa como diurético, provocando un aumento de la frecuencia y la urgencia de la micción.
Ahora bien, si una persona consume regularmente cafeína, por ejemplo para estudiar para los exámenes, con el tiempo puede desarrollar tolerancia y dependencia.
En consecuencia, si deja de consumir cafeína repentinamente, puede experimentar síntomas de abstinencia, como un estado de ánimo deprimido, irritabilidad, baja energía y dificultad para concentrarse.
Estos problemas suelen ir acompañados de ciertos síntomas físicos, como un dolor de cabeza difuso y persistente, así como de síntomas seudogripales, como náuseas y dolor muscular.
Es importante tener en cuenta que cuanto mayor sea el consumo de cafeína, más graves serán los síntomas de abstinencia.
Otro estimulante muy común es la nicotina, que se encuentra en los productos del tabaco, como los cigarrillos, los puros o el tabaco de pipa.
Cuando una persona fuma o mastica tabaco, la nicotina se absorbe, ya sea a través de los pulmones o de la mucosa oral, en el torrente sanguíneo.
Desde allí, la nicotina puede viajar y unirse a los receptores nicotínicos de las neuronas postsinápticas de todo el sistema nervioso.
En el sistema nervioso central, la nicotina desencadena la liberación de neurotransmisores como la dopamina, que participa en la vía de recompensa del cerebro y origina la sensación de placer, así como el glutamato, que provoca una mejora del rendimiento cognitivo y la concentración.
Por otra parte, en el sistema nervioso periférico, la nicotina provoca la liberación de neurotransmisores como la adrenalina y la noradrenalina.
Se provocan así diversos efectos, como el aumento de la presión arterial, la frecuencia cardíaca y la contractilidad cardíaca, además de un efecto laxante.
En consecuencia, el consumo excesivo de nicotina y la intoxicación suelen provocar síntomas como inquietud, agitación, diaforesis, dolor abdominal, náuseas y vómitos.
Se cree que la nicotina es la responsable de las cualidades adictivas del tabaco, pero es importante tener en cuenta que el tabaco contiene miles de sustancias químicas tóxicas, con consecuencias para la salud.
Uno de estos productos químicos es el formaldehído, que con el tiempo puede dañar diversos órganos y tejidos, aumentando el riesgo de cánceres de cabeza y cuello, pulmón, estómago, colon, páncreas, riñones y vejiga.
El formaldehído también puede dañar el revestimiento interno de las arterias, lo que eleva el riesgo de infarto de miocardio, accidente cerebrovascular y vasculopatía periférica.
Otro subproducto del humo del tabaco es el monóxido de carbono, que llega al torrente sanguíneo y se une de forma competitiva a la hemoglobina, lo que significa que desplaza al oxígeno para formar carboxihemoglobina.
Esta reacción lleva a que la descarga y el suministro de oxígeno a los tejidos se vean afectados.
Además, la exposición al humo del tabaco a lo largo del tiempo puede afectar a la función pulmonar, causando la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC.
El tabaquismo durante el embarazo también se asocia a diversas complicaciones, como la restricción del crecimiento fetal o el desprendimiento de la placenta de la pared uterina, que puede provocar un parto prematuro o un aborto espontáneo.
Recuerde que se debe a que la nicotina puede inducir el vasoespasmo de los vasos de la placenta, lo que provoca un intercambio anómalo de gases a través de la misma.
Además, el monóxido de carbono promueve la formación de carboxihemoglobina, lo que provoca un deterioro del suministro de oxígeno al feto.
Con el tiempo, el uso de la nicotina puede derivar en tolerancia y dependencia.
Como consecuencia, las personas que dejan de consumir productos del tabaco pueden experimentar síntomas de abstinencia, como ansias de nicotina, irritabilidad, ansiedad, inquietud y falta de concentración.
Además, muchas de ellas pueden padecer dolores de cabeza, alteraciones del sueño como el insomnio y estado de ánimo deprimido, así como estreñimiento y aumento del apetito, lo que puede provocar una ganancia de peso.
Los síntomas de abstinencia pueden comenzar en las dos horas siguientes al último consumo de nicotina, y suelen alcanzar su punto máximo en uno o dos días.
Aunque el síndrome de abstinencia tiende a disminuir en los días y semanas siguientes, muchos fumadores siguen sintiéndose mal durante meses después del último cigarrillo.
Por eso es tan difícil dejar de fumar.
Los síntomas de la abstinencia de nicotina pueden aliviarse con una terapia de sustitución de nicotina en forma de parche, chicle, pastilla o pulverizador nasal.
Fuentes
- "Harrison's Principles of Internal Medicine, Twentieth Edition (Vol.1 & Vol.2)" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
- "Pathophysiology of Disease: An Introduction to Clinical Medicine 8E" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
- "CURRENT Medical Diagnosis and Treatment 2020" McGraw-Hill Education / Medical (2019)
- "Robbins Basic Pathology" Elsevier (2017)
- "Diagnostic Immunohistochemistry" Elsevier (2021)
- "Bates' Guide to Physical Examination and History Taking" LWW (2017)
- "Atlas of Emergency Medicine" NA (2015)
- "Substance-Related and Addictive Disorders" Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (2013)
- "A developmental etiological model for drug abuse in men" Drug and Alcohol Dependence (2017)