Abuso, intoxicación y abstinencia de drogas: Alcohol: Revisión de la patología
Abuso, intoxicación y abstinencia de drogas: Alcohol: Revisión de la patología
Trastornos psicológicos
Trastornos de ansiedad
Trastornos originados en la infancia o la niñez
Trastornos alimentarios y trastornos del control de los impulsos
Trastornos facticios
Trastornos del movimiento inducidos por la medicación y otros efectos adversos de la medicación
Trastornos del estado de ánimo
Trastornos neurocognitivos
Trastornos de la personalidad
Trastornos psicóticos
Trastornos sexuales y disforia de género
Trastornos del sueño
Trastorno de síntomas somáticos y trastornos relacionados
Trastornos por consumo de sustancias
Revisión de los trastornos psicológicos
Transcripción
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Dos pacientes son llevados al servicio de urgencias, una noche.
Uno de ellos es Brian, de 28 años, que fue traído por su amigo con quejas de alteración de la conciencia y vómitos.
El amigo recuerda que Brian tenía la costumbre de beber en exceso los fines de semana.
En la exploración, estaba desorientado y tenía dificultad para hablar, pérdida de coordinación y nistagmo.
La segunda paciente es Michelle, de 2 años, que ha sido traída por la madre que informó de un episodio de convulsiones hace una hora.
Tras un nuevo interrogatorio, la madre revela que Michelle nació dos meses antes de tiempo, que siempre estaba llorando e irritable y que tardaba en alcanzar los hitos del desarrollo.
En la exploración, Michelle tiene una estatura y un peso reducidos, una abertura ocular pequeña, un surco nasolabial liso y labios finos.
Un examen neurológico muestra una reducción del tono muscular y de la coordinación.
Cuando se obtiene un historial más centrado en el embarazo de la madre, esta informó de que había bebido de 3 a 5 vasos de vino cada noche durante el primer y segundo trimestre.
Los síntomas de Brian y Michelle se deben al alcohol.
Las bebidas alcohólicas contienen la sustancia química, el etanol, que actúa principalmente de dos maneras en el cerebro: una, actúa como agonista del GABA, que es el principal neurotransmisor inhibidor del cerebro; y dos, actúa como antagonista del glutamato, que es un neurotransmisor excitador.
Ambas acciones producen una acción inhibidora global en los circuitos neuronales del cerebro.
Ahora bien, los efectos del etanol varían en función de la concentración de alcohol en sangre, o CAS, que es el porcentaje de etanol en un determinado volumen de sangre.
Con una concentración de alcohol en sangre de entre 0,0 y 0,05%, el etanol produce una sensación de relajación y felicidad, junto con dificultades para hablar y para mantener el equilibrio y la coordinación.
Con una concentración de alcohol en sangre de entre 0,06 y 0,15%, aumentan los trastornos del habla, la memoria, la atención y la coordinación, y algunos pacientes pueden volverse agresivos e incluso violentos.
Tareas complejas como la conducción pueden llegar a ser peligrosas, por lo que en algunos países es ilegal conducir con una concentración de alcohol en sangre igual o superior al 0,08%.
Con una concentración de alcohol en sangre de entre 0,16 y 0,30%, las personas pueden sufrir una intoxicación etílica, en la que pierden el conocimiento o experimentan periodos de amnesia.
Por último, con una concentración de alcohol en sangre superior al 0,31%, el efecto del alcohol puede suprimir gravemente la respiración e incluso provocar la muerte.
El consumo de alcohol puede evaluarse mediante pruebas directas e indirectas.
Las pruebas directas miden el contenido de alcohol en fluidos corporales como la sangre, la orina, la saliva y el aire espirado.
En cambio, las pruebas indirectas evalúan el efecto del alcohol en órganos como el hígado.
El daño celular provoca la liberación de enzimas hepáticas en la sangre.
La gamma-glutamiltransferasa, o GGT, es el indicador más sensible del consumo de alcohol.
Además, la aspartato aminotransferasa o AST y la alanina aminotransferasa o ALT también están elevadas en el consumo crónico de alcohol, aunque los valores de la AST aumentan aproximadamente el doble que los de la ALT.
Esto se debe a que el consumo de alcohol disminuye la actividad de la ALT en el hígado.
Y, esto es muy importante...
Con el tiempo, en personas con un consumo prolongado de alcohol, las neuronas se adaptan disminuyendo su número de receptores GABA, mientras que aumenta el número de receptores de glutamato NMDA.
Estas personas desarrollan tolerancia a los efectos del alcohol y, por tanto, es necesario aumentar la dosis para conseguir la respuesta original.
Además, si el paciente deja de beber repentinamente, este desequilibrio de los receptores provoca una hiperactividad del sistema nervioso central, lo que puede provocar síntomas de abstinencia.
Con el tiempo, el paciente acaba necesitando grandes cantidades de alcohol solo para funcionar con normalidad, lo que se conoce como trastorno por consumo de alcohol, o alcoholismo.
A largo plazo, el trastorno por consumo de alcohol puede tener un efecto muy nocivo en el organismo y provoca varios problemas de salud.
Puede provocar cambios inflamatorios en el hígado que conduzcan a la esteatohepatitis y la cirrosis.
Del mismo modo, el páncreas también puede verse afectado, dando lugar a una pancreatitis.
También puede producirse una inflamación de la mucosa digestiva que dé lugar a esofagitis, gastritis y úlceras gástricas.
Es frecuente ver deficiencias vitamínicas, especialmente la de las vitaminas B.
Esto se debe a una combinación de disminución de la síntesis, la absorción y el almacenamiento, así como a tener malos hábitos alimenticios.
La falta de vitamina B1, o tiamina, provoca problemas como el síndrome de Wernicke-Korsakoff, que se presenta con oftalmoplejía, ataxia y alteración del estado mental, deterioro grave y permanente de la memoria; confabulación, que es cuando la persona crea historias para rellenar las lagunas de su memoria que cree que son verdaderas; y cambios de personalidad como apatía o indiferencia.
Otra enfermedad causada por la deficiencia de tiamina es el beriberi.
Hay un beriberi "húmedo" en el que el corazón es el más afectado, lo que lleva a la insuficiencia cardíaca.
Los síntomas más frecuentes son el edema de las extremidades inferiores y la dificultad para respirar.
En el beriberi seco, el sistema nervioso, especialmente el periférico, es el más afectado.
Los principales síntomas son dolor o pérdida de sensibilidad en las extremidades, debilidad, disminución de los reflejos tendinosos y debilidad muscular.
También puede haber confusión y dificultades en el habla.
La deficiencia de tiamina se trata con un suplemento de tiamina intravenoso seguido de una infusión de glucosa una vez que los niveles de tiamina se normalizan.
El consumo crónico de alcohol también se asocia a un mayor riesgo de hipertensión arterial, desregulación del metabolismo de los lípidos, infarto de miocardio y enfermedades cerebrovasculares.
El alcoholismo se asocia al riesgo de desarrollar ciertos tipos de cáncer, como el de boca, esófago, garganta, hígado y mama.
El consumo de alcohol durante el embarazo hace que, como el etanol y los metabolitos tóxicos del alcohol, como el acetaldehído, atraviesan libremente la placenta y se acumulan en el feto, se interfiera en el crecimiento y el desarrollo de diversos tejidos.
El resultado final se conoce como fetopatía alcohólica, o FAS (por sus siglas en inglés).
Fuentes
- "Harrison's Principles of Internal Medicine, Twentieth Edition (Vol.1 & Vol.2)" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
- "Pathophysiology of Disease: An Introduction to Clinical Medicine 8E" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
- "CURRENT Medical Diagnosis and Treatment 2020" McGraw-Hill Education / Medical (2019)
- "Robbins Basic Pathology" Elsevier (2017)
- "Diagnostic Immunohistochemistry" Elsevier (2021)
- "Bates' Guide to Physical Examination and History Taking" LWW (2017)
- "Atlas of Emergency Medicine" NA (2015)
- "ALCOHOL DEPENDENCE: A COMMENTARY ON MECHANISMS" Alcohol and Alcoholism (1996)
- "Alcohol and Cardiovascular Health: The Dose Makes the Poison…or the Remedy" Mayo Clinic Proceedings (2014)
- "Alcohol, Neurotransmitter Systems, and Behavior" The Journal of General Psychology (2006)