Dificultad de aprendizaje

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El DSM-5 define los trastornos específicos del aprendizaje como un conjunto de trastornos relacionados con la dificultad para aprender y desarrollar determinadas habilidades durante al menos 6 meses.

En primer lugar, está la dislexia, que es la dificultad con la lectura, luego está la disgrafía, que es la dificultad con la escritura, y finalmente está la discalculia, que es la dificultad con las matemáticas.

Las personas pueden tener dificultades con una sola de esas actividades, pero también pueden tener problemas en las tres áreas.

Se consideran trastornos específicos del aprendizaje porque no derivan de otros trastornos, como un trastorno intelectual o un retraso global del desarrollo, y no se deben a una causa del entorno obvia, como no haber sido enseñado a leer, escribir o hacer cuentas.

Los trastornos del aprendizaje suelen diagnosticarse durante la edad escolar, cuando se puede evaluar la capacidad del niño y se comprueba que está muy por debajo de la media de los demás niños de su grupo de edad.

La dislexia afecta a la comunicación oral y escrita a lo largo de la vida de la persona.

Las personas con dislexia suelen tener problemas para identificar las letras o las palabras, lo que puede dar lugar a una lectura lenta, imprecisa y con esfuerzo.

Esto suele ser evidente cuando una persona con dislexia lee en voz alta, porque puede dudar o tener que adivinar las palabras, y puede acabar leyendo sin la entonación o la expresión normales.

La dislexia también puede causar dificultades con la ortografía porque la persona puede añadir u omitir letras por error.

Debido al esfuerzo adicional que tienen que hacer para leer, las personas con dislexia también pueden tener dificultades para entender lo que han leído y perder el significado más profundo de un pasaje, olvidar la secuencia correcta de los acontecimientos o ser incapaces de sacar conclusiones sobre lo que han leído.

La disgrafía describe el hecho de tener problemas con la escritura: concretamente, mala ortografía y dificultad con la gramática.

Las personas con disgrafía suelen tener mala letra, aunque no tengan problemas con otras habilidades motoras finas, como, por ejemplo, el uso de pinzas.

Es posible que mezclen la letra de imprenta con la cursiva, o que utilicen mal las mayúsculas y las minúsculas; como resultado, su escritura suele ser lenta y trabajosa, lo que les provoca fatiga al escribir.

La disgrafía también puede implicar problemas de escritura más globales, como tener dificultades para plasmar los pensamientos en el papel, o pensar y escribir al mismo tiempo, lo que, como se puede adivinar, conduce a una escritura que carece de claridad y cohesión.

Por último, está la discalculia.

Las personas con discalculia tienen una mala comprensión de los números, como su magnitud y la relación entre ellos.