Lo que la mayoría de la gente sabe (o cree saber) sobre el trastorno por déficit de atención, o TDA, es que se utiliza para describir a alguien que no puede concentrarse...
y cuando realmente no puede concentrarse, tiene un trastorno por déficit de atención e hiperactividad, o TDAH. Sin embargo, este continuo de uno a otro no es exactamente como funciona.
TDA y TDAH son en realidad sinónimos, es decir, son lo mismo. El TDA es un término obsoleto que se utilizaba antes de 1987, después de lo cual evolucionó a TDAH para abarcar mayor cantidad de los síntomas que suelen experimentar las personas con TDAH, que, además de la falta de atención, incluye la hiperactividad y la impulsividad.
Una persona puede ser diagnosticada de TDAH porque tiene síntomas relacionados con la incapacidad de prestar atención, pero también puede ser diagnosticado con TDAH si tiene síntomas relacionados con ser excesivamente activo e impulsivo.
También puede tener TDAH si tiene síntomas de ambos.Según el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición, Texto Revisado, cuya actualización más reciente es de 2022, el TDAH se divide en estos tres subtipos: inatento, hiperactivo-impulsivo o ambos.
El trastorno inatento y el hiperactivo-impulsivo tienen cada uno 9 síntomas. La persona con el subtipo inatento puede cometer errores por descuido, no escuchar o distraerse fácilmente; y alguien con el subtipo hiperactivo-impulsivo puede estar inquieto, retorcerse o levantarse de la silla con frecuencia.
Puede que piense que todo el mundo se mueve de vez en cuando, ¿verdad? Se diagnostica cuando alguien presenta 6 de los 9 síntomas de cualquiera de los subtipos durante al menos 6 meses y en más de un contexto.
Sin embargo, lo más habitual es que los niños presenten síntomas de ambos subtipos y, por tanto, tengan el subtipo combinado.
Dado que el TDAH se considera un trastorno del neurodesarrollo, los síntomas también tienen que haber comenzado entre los 6 y los 12 años, y el comportamiento puede no ser el apropiado para la edad o el nivel de desarrollo.Pero ¿qué hace que alguien sea hiperactivo, impulsivo o desatento?
Es fácil de adivinar que es un proceso bastante complicado... y no lo conocemos realmente; probablemente, hay muchos factores diferentes y, en última instancia, todos ellos entran en alguna combinación de factores ambientales y genéticos.
Una pista interesante sobre el componente genético del TDAH es observar a las familias; por ejemplo, un niño con un hermano al que se le ha diagnosticado TDAH tiene más probabilidades de desarrollarlo.
Además, si esos hermanos son gemelos idénticos, es decir, tienen el mismo ADN, sus posibilidades de desarrollar TDAH son considerablemente mayores.
Sin embargo, tener un ADN idéntico no significa que el gemelo vaya a desarrollar definitivamente el TDAH, lo cual, de nuevo, hace pensar en que desempeñan un papel tanto los factores genéticos como los ambientales.
En cuanto a un gen específico, probablemente no sea un solo gen el que provoque el TDAH; es más probable que haya varios genes que determinen la gravedad de los síntomas.
Es probable que estos genes influyan en la producción o regulación de los neurotransmisores del cerebro, que son moléculas de señalización en el cerebro liberadas por una neurona y recibidas por los receptores de otra neurona.
Este movimiento de un neurotransmisor de la neurona A a la neurona B es básicamente un mensaje que se transmite, como si las neuronas hablaran.
La dopamina es un neurotransmisor específico que se libera cuando el cerebro está involucrado en comportamientos como obtener una recompensa, asumir un riesgo y ser impulsivo.
La norepinefrina es otro neurotransmisor que interviene en la atención y la excitación. Se cree que la menor cantidad de estos 2 neurotransmisores flotantes contribuye a los síntomas del TDAH, o que los receptores necesitan cantidades de neurotransmisores superiores a las habituales para responder.
Se desconoce el motivo por el cual estos neurotransmisores podrían estar bajos, y la investigación continúa.El tratamiento del TDAH es complicado, ya que los síntomas pueden variar de un paciente a otro; la mayoría de las veces consiste en psicoterapia conductual, medicación o ambas.
La psicoterapia conductual suele dirigirse a los niños y se centra en enseñarles a gestionar mejor el tiempo y las habilidades organizativas.
Por ejemplo, crear rutinas estructuradas que puedan seguir y luego dar recompensas cuando se ciñan a ellas. Además, implicar tanto a los padres como a los profesores es importante, y tanto el entrenamiento conductual de los padres como la gestión conductual en el aula han demostrado ser útiles para los niños con TDAH.
En el caso de los adultos, la psicoterapia conductual podría centrarse en formas de disminuir las distracciones y también en mejorar la capacidad de organización.
Si se prescriben medicamentos, normalmente las opciones de primera línea son los estimulantes. Como se cree que los bajos niveles de neurotransmisores están implicados en el TDAH, se utilizan estimulantes porque tienden a aumentar el número de neurotransmisores, como la dopamina, entre las neuronas, reduciendo así los síntomas.
Los medicamentos más usados y mejor conocidos para el TDAH son moléculas químicamente similares a los estimulantes ilícitos como la metanfetamina, pero hay algunas diferencias clave que hay que tener en cuenta.
Todas estas sustancias químicas ayudan a aumentar la liberación de dopamina de la neurona A, pero los medicamentos para el TDAH suelen provocar una liberación lenta de dopamina, mientras que los estimulantes ilícitos, como la metanfetamina, provocan una liberación realmente rápida de dopamina.
De hecho, es esta increíble subida de la dopamina la que interrumpe la comunicación normal entre las neuronas y produce euforia, y es la razón por la que sustancias ilícitas como la metanfetamina son altamente adictivas.
En cambio, la liberación lenta y controlada de dopamina que provocan los medicamentos para el TDAH es clave, y ayuda a muchos pacientes a mejorar su concentración y atención.