Dependencia de la cocaína

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La cocaína, a veces abreviada como coca, es un potente estimulante psicoactivo que altera el funcionamiento del cerebro y, en concreto, la percepción del entorno.

La cocaína procede de las hojas de la planta de coca sudamericana y se ha consumido desde hace más de mil años.

En los tiempos modernos se ha convertido en una popular "droga recreativa" porque la cocaína reduce las inhibiciones y crea una sensación de euforia o placer; esta sensación dura entre quince y noventa minutos, dependiendo de cómo se administre la droga.

Alrededor de 18 millones de personas consumen cocaína en el mundo y, debido a su gran potencial de adicción y sobredosis, está muy regulada en muchos países.

Para entender cómo funciona la cocaína, analicemos una de las sinapsis del cerebro.

Normalmente, las señales eléctricas, o potenciales de acción, viajan por el axón hasta la terminal del mismo, desencadenando la liberación de mensajeros químicos llamados neurotransmisores desde las vesículas sinápticas hacia la sinapsis.

Los neurotransmisores se desplazan a través de la sinapsis y se unen a los receptores de la neurona postsináptica, donde transmiten un mensaje a la célula.

Una vez que los neurotransmisores han hecho su trabajo, se desprenden de los receptores y pueden difundirse, ser degradados por las enzimas o ser recogidos por las proteínas y devueltos a su lugar de liberación en un proceso que se conoce como recaptación.

La cocaína aumenta la liberación de ciertos neurotransmisores, pero su mayor efecto es el bloqueo de los receptores de recaptación en las terminales axónicas presinápticas.

Ambas acciones mantienen los neurotransmisores como la dopamina, la noradrenalina y la serotonina en la sinapsis durante más tiempo, aumentando sus efectos.

Por ejemplo, el aumento de las concentraciones de dopamina en la vía de recompensa del cerebro (que incluye el núcleo accumbens, el tegmento ventral y la corteza prefrontal) produce intensas sensaciones de euforia, placer y el "subidón" emocional asociado a la cocaína.

Este "subidón" físico o sensación de hiperestimulación está causado por el aumento de las concentraciones de noradrenalina en todo el cerebro, lo que produce una serie de efectos en todo el organismo como el aumento de la energía, la constricción de los vasos sanguíneos, la dilatación de las pupilas, el aumento de la temperatura corporal, el incremento del ritmo cardíaco y la elevación de la presión arterial.

Por último, estos valores más altos de serotonina están asociados a una mayor confianza.

La cocaína puede llegar a la sangre y al cerebro por diferentes vías.

Una forma es simplemente ingiriéndolo, pero el fármaco suele ser inactivado por el ácido del estómago a menos que se mezcle con algo alcalino.

La cocaína también se metaboliza en el hígado y hace que los capilares de la boca y el esófago se estrechen, lo que dificulta su absorción por el organismo.

Una vía más directa es la insuflación (esnifado) porque el fármaco se absorbe fácil y rápidamente a través de las membranas mucosas de las fosas nasales, o fumar para que el fármaco se absorba a través de los pulmones.

Sin embargo, la vía más rápida es la inyección directa en la sangre.

Normalmente, cuanto más deprisa llega la cocaína al cerebro, más fuerte es la relación entre el comportamiento y la recompensa, lo que finalmente conduce a la adicción.

Este enorme potencial de adicción es la razón por la que muchas personas vuelven a consumir cocaína.

El cerebro se esfuerza constantemente por alcanzar el equilibrio, y si se consume cocaína con regularidad, el cerebro empieza a notar que está constantemente inundado de dopamina.

Como resultado, regula negativamente los receptores de dopamina, lo que significa que el receptor ya no está activo y que la dopamina no puede transmitir su mensaje tan fácilmente a la neurona postsináptica.

Así disminuye el efecto que una determinada cantidad de dopamina puede tener en el cerebro, por lo que si se quiere mantener el estado de euforia al tomar cocaína, es preciso incrementar la ingesta cada vez más para compensar los receptores regulados negativamente; llegado este punto, probablemente se habrá desarrollado una tolerancia fisiológica a los efectos de la cocaína.

Un mayor consumo de cocaína implica una mayor regulación negativa, pero si el consumo de cocaína se interrumpe, los receptores vuelven a regularse positivamente.

Supongamos que usted está en reposo, sin drogas ni otros agentes que estimulen su vía de recompensa.

En esta situación, el cerebro mantiene la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la vigilia en un estado normal, llamado homeostasis.

En ese momento, su amor secreto le envía un mensaje.

De repente, se siente sudoroso y enrojecido y el ritmo cardíaco se le acelera.

Ahora está por encima de su estado normal de homeostasis, porque algo ha cambiado, ¿correcto? Pero la situación no se prolonga durante mucho tiempo y, tras el mensaje de texto, el cerebro vuelve a su estado inicial.

Con el uso repetido de la cocaína, empiezan a suceder algunos efectos.

Supongamos que usted toma la cocaína a una hora y en un entorno concretos, por ejemplo, a las 3 de la tarde en su dormitorio.

Como es un estimulante, hace que todo se acelere, incluidos la frecuencia cardíaca, la tensión arterial y su estado de vigilia.

El cerebro, como es inteligente, captará el patrón.

Entonces, la próxima vez que sean las 3 de la tarde en el dormitorio, el cerebro optará por disminuirlo todo preventivamente ya que sabe que, al tomar la cocaína, todo se acelerará.

Supongamos que, en el dormitorio, se acercan las 3 de la tarde pero no hay cocaína...

En esa situación, el cerebro sigue disminuyendo el ritmo de todo, pero los cambios no son compensados con los efectos de la droga, y la persona termina por sentirse mal.

Estas sensaciones desagradables se califican de síntomas de abstinencia, y pueden persistir hasta el punto de que los afectados necesiten la droga solo para sentirse normal.

Si así sucediera, se considera que son dependientes de esa droga.

En el lado contrario, supongamos que usted consume la droga en un entorno desconocido, por ejemplo, a las 11 de la noche en una fiesta.

En esa situación, el cuerpo no está preparado para la droga y no hay un "contrapeso" fisiológico que ayude a compensar su efecto.

En ese caso, puede producirse una sobredosis, incluso con una dosis que la persona ha estado tomando normalmente, y es lo que suele ocurrir.

Los síntomas leves de la abstinencia de la cocaína son sobre todo psicológicos, e incluyen depresión, ansiedad, fatiga, pérdida de concentración, deseos urgentes de consumir, cansancio, aumento del apetito, somnolencia excesiva y sueños vívidos debido al aumento del tiempo de sueño REM.

Los peores síntomas de abstinencia de la cocaína comienzan tras un largo período de consumo habitual: este período se denomina "crash", o choque, y los consumidores de larga duración experimentan ideas suicidas y síntomas físicos como náuseas, vómitos y, en casos graves, hormigueo, que es la sensación de insectos arrastrándose por la piel.

Fuentes

  1. "Robbins Basic Pathology" Elsevier (2017)
  2. "Pathophysiology of Disease: An Introduction to Clinical Medicine 8E" McGraw-Hill Education / Medical (2018)
  3. "The Anti-Addiction Drug Ibogaine and the Heart: A Delicate Relation" Molecules (2015)
  4. "Cocaine pharmacokinetics in humans" Journal of Ethnopharmacology (1981)
  5. "Cocaine Dependence" Annual Review of Medicine (1989)
  6. "Harrison’s principles of internal medicine" McGraw Hill Education/ Medical (2018)
  7. "Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: DSM-5" American Psychiatric Assoc Pub (2013)
  8. "Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders: DSM-5" American Psychiatric Assoc Pub (2013)