Celulitis y erisipela: ciencias clínicas

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La celulitis y la erisipela son infecciones agudas de la piel y los tejidos subcutáneos. La erisipela es una infección de la capa superior de la dermis con los linfáticos y vasos superficiales, mientras que la celulitis afecta a las capas más profundas de la dermis y los tejidos subdérmicos. Estas infecciones suelen producirse cuando las bacterias penetran a través de roturas en la barrera cutánea, como una laceración y una herida punzante. La gran mayoría de las infecciones están causadas por estreptococos beta-hemolíticos, como el estreptococo del grupo A o el estreptococo pyogenes; así como por Staphylococcus aureus, incluido el resistente a la meticilina o SARM. Mientras que la erisipela suele limitarse a la piel, la celulitis puede presentarse a veces con o sin síntomas sistémicos.

Al abordar a un individuo con signos y síntomas sugestivos de celulitis y erisipela, primero se debe obtener una historia clínica y una exploración física dirigidas. Empecemos con la erisipela. En la anamnesis, el paciente puede referir un inicio agudo de enrojecimiento cutáneo, hinchazón y dolor, generalmente alrededor de la cara o las extremidades. En particular, no habrá síntomas sistémicos como fiebre y escalofríos, y éste es uno de los principales factores que distinguen la erisipela de la celulitis. El examen físico suele revelar una zona eritematosa bien delimitada con induración superficial, caliente y sensible al tacto.

Dado que la erisipela es una infección local, puede empezar a administrar al paciente antibióticos orales, como una penicilina o una cefalosporina de primera generación. A continuación, evalúe la respuesta a las 24 o 48 horas. Si el paciente muestra una respuesta adecuada, es decir, el eritema, la induración y el dolor han mejorado, puede continuar con el tratamiento actual y completar el ciclo de antibióticos. Sin embargo, si la respuesta del paciente es inadecuada, hay que evaluar si hay signos de propagación de la infección o absceso y considerar la posibilidad de cambiar los antibióticos para ampliar la cobertura.

Ahora que los pacientes con erisipela son tratados, volvamos a la historia y al examen físico y hablemos de los pacientes con signos más graves de infección. De forma similar a la erisipela, el paciente puede referir enrojecimiento de la piel, hinchazón y dolor en la zona afectada. Sin embargo, pueden o no presentar síntomas sistémicos, como fiebre o escalofríos.

En la exploración física, la zona eritematosa no suele estar bien delimitada y puede que no siempre haya induración. Además, es de esperar que la zona eritematosa esté caliente al tacto o sensible a la palpación. Si observa estos hallazgos, debe sospechar que se trata de una celulitis. El siguiente paso es evaluar los signos y síntomas sistémicos. Si el paciente no presenta ninguna de esas características, tiene celulitis sin síntomas sistémicos.

Información clínica: Durante el examen físico, marque los bordes del eritema con un bolígrafo. Esto le ayudará a evaluar si la zona enrojecida se está extendiendo o no.

Una vez hecho el diagnóstico, hablemos del tratamiento. Al igual que antes, debe iniciar al paciente con antibióticos orales empíricos, como penicilina o cefalosporina de primera generación. Al iniciar los antibióticos, hay que tener en cuenta la cobertura frente a los estreptococos betahemolíticos y el Staphylococcus aureus sensible a la meticilina, que son los dos patógenos más frecuentes de la celulitis. Debe cubrir el SARM en pacientes que presenten factores de riesgo, como hospitalización reciente, drenaje purulento o infección previa por SARM. Si cree que el paciente puede tener SARM, puede tratarlo con Trimetoprima-Sulfametoxazol.

Una vez iniciados los antibióticos, el siguiente paso es evaluar la respuesta. Los pacientes con celulitis suelen mostrar mejoría a las 24 o 48 horas de iniciar la terapia antimicrobiana. Si el paciente responde adecuadamente al tratamiento, lo que se evidencia por la mejoría de síntomas como el dolor y el enrojecimiento, puede completar el tratamiento antibiótico.

Fuentes

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