Hiperplasia benigna de próstata y cáncer de próstata: ciencias clínicas

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Hiperplasia benigna de próstata y cáncer de próstata: ciencias clínicas

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La hiperplasia benigna prostática (HBP) es un agrandamiento no maligno de la próstata

causada por la proliferación de células prostáticas.

La HBP es la principal causa de síntomas del tracto urinario inferior en adultos biológicamente masculinos, especialmente después de los 30 años.

Por otro lado, el cáncer de próstata es una neoplasia maligna frecuente que suele afectar biológicamente a pacientes varones de entre 64 y 75 años. Aunque tanto la HBP como el cáncer de próstata cursan con síntomas urinarios y se diferencian en función de los hallazgos clínicos y de imagen, la HBP no aumenta el riesgo de cáncer de próstata.

Cuando un paciente se presenta con un motivo de consulta que sugiere una HBP o un cáncer de próstata, primero hay que realizar una anamnesis y una exploración física dirigidas.

Cuando se trata de HBP, las personas afectadas suelen manifestar dificultad para orinar, un chorro de orina débil y, en ocasiones, nicturia o incontinencia urinaria. El tacto rectal, o TR, suele revelar una próstata firme y simétricamente agrandada. Con estos hallazgos, se debe sospechar HBP.

Información clínica: Tenga en cuenta que el TR sólo puede detectar la hipertrofia prostática cuando el volumen de la próstata alcanza los 50 mililitros o más.

Siempre que un paciente presente síntomas del tracto urinario inferior, recuerde realizar un examen neurológico evaluando la función motora y sensitiva de la región pélvica y las extremidades inferiores, para descartar otras causas.

Una vez que sospeche HBP, solicite un análisis de orina para descartar otra patología del tracto urinario, como una infección, y considere la posibilidad de solicitar un nivel de antígeno prostático específico, o PSA.

Información clínica: Aunque las pruebas de PSA tienen una capacidad limitada para predecir con exactitud la retención urinaria o el tamaño de la próstata en pacientes con HBP, los resultados podrían ser útiles a la hora de determinar el tratamiento. Utilizando la toma de decisiones compartida, asegúrese de comentar los riesgos y beneficios de la prueba del PSA con su paciente.

Además de las pruebas de laboratorio, considere pedir un estudio de residuos postmiccionales, o RPM. Esta prueba mide la cantidad de orina que queda en la vejiga después de orinar, para buscar indicios de retención urinaria. Además, solicite una ecografía transrectal, que puede evaluar el tamaño de la próstata con más precisión que un TR.

Si su paciente no tiene ninguna patología coexistente del tracto urinario, el análisis de orina será negativo para bacterias, proteínas, sangre, glóbulos blancos y glucosa. Sin embargo, los niveles de PSA pueden estar elevados y el VMR puede indicar una retención urinaria de leve a moderada. La ecografía transrectal suele revelar un agrandamiento de la próstata, lo que confirma la HBP.

A continuación, para determinar un plan de tratamiento adecuado, tendrá que evaluar la gravedad de los síntomas de su paciente. Para ello, pida a su paciente que utilice la International Prostate Symptom Score, o IPSS, una escala autoadministrada y validada que predice la gravedad de la retención urinaria. Esta métrica se denominaba anteriormente American Urological Association Symptom Index. El cuestionario IPSS evalúa la frecuencia de siete síntomas específicos de la HBP, entre ellos el vaciado incompleto de la vejiga; la frecuencia, vacilación y urgencia urinarias; la debilidad del chorro urinario, el esfuerzo al orinar y la nicturia. El IPSS también evalúa la calidad de vida del paciente para determinar la gravedad de los síntomas. La puntuación oscila entre 0 y 35, y las puntuaciones más altas predicen una mayor gravedad de la retención urinaria.

Ahora bien, si la puntuación IPSS es inferior a 8, diagnostique HBP leve. En este caso, el tratamiento consiste principalmente en modificaciones del comportamiento y del estilo de vida para aliviar los síntomas. Por ejemplo, su paciente puede reducir la frecuencia urinaria y la nicturia limitando la ingesta de líquidos antes de acostarse o de viajar, y reduciendo el consumo de cafeína y alcohol, ya que ambos tienen un efecto diurético. Por último, asegúrese de recomendar actividad física regular, entrenamiento muscular del suelo pélvico y pérdida de peso, si está indicado.

Por otro lado, si la puntuación del IPSS se sitúa entre 8 y 19, su paciente padece una HBP moderada. En este caso, el tratamiento incluye modificaciones del comportamiento y del estilo de vida, combinadas con terapia farmacológica para la reducción de los síntomas. Los medicamentos de primera línea para la HBP son los alfabloqueantes, como la tamsulosina, y los inhibidores de la fosfodiesterasa-5 o PDE5, como el tadalafilo. Ambos medicamentos relajan los músculos de la vejiga y la próstata, lo que mejora el flujo de orina. Ahora bien, si estos medicamentos no mejoran los síntomas, considere la posibilidad de empezar a tomar un inhibidor de la 5-alfa reductasa, como la finasterida; o un anticolinérgico, como la solifenacina. Como alternativa, podría iniciar una terapia combinada, que podría consistir en un alfabloqueante con cualquiera de los otros medicamentos, o un inhibidor de la PDE5 combinado con un inhibidor de la 5-alfa reductasa.

Tenga en cuenta que los inhibidores de la 5-alfa reductasa son más eficaces en pacientes con síntomas de moderados a graves y agrandamiento de la próstata. Por este motivo, sólo debe combinar un alfabloqueante con un inhibidor de la 5-alfa reductasa si su paciente está sintomático y tiene un volumen prostático superior a 30 mililitros en una ecografía transrectal, una próstata palpablemente agrandada en el tacto rectal o un PSA de 1,5 nanogramos por mililitro o más.

Fuentes

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